Anave
Poeta asiduo al portal
El le peinó con los dedos
dulcemente los cabellos
deshilando sus enredos...
Desabotonó el vestido
y tocó sus pechos mustios
entre suspiro y suspiro...
Besó aquellos labios finos,
y aquellas mejillas albas,
de palidez nacarada...
Se animó por vez primera
a decirle que la amaba.
Desbordado de nostalgia
le pidió que lo aceptara
como amante aquella vez.
Ella no pudo negarse
y él se sintió valiente.
Al principio torpemente
y después tan hábilmente
le hizo el amor al instante...
y sobre su pecho jadeante
se dejó caer inerte...
Ella nunca dijo nada
pues su voluntad estaba
silenciada por la muerte...
dulcemente los cabellos
deshilando sus enredos...
Desabotonó el vestido
y tocó sus pechos mustios
entre suspiro y suspiro...
Besó aquellos labios finos,
y aquellas mejillas albas,
de palidez nacarada...
Se animó por vez primera
a decirle que la amaba.
Desbordado de nostalgia
le pidió que lo aceptara
como amante aquella vez.
Ella no pudo negarse
y él se sintió valiente.
Al principio torpemente
y después tan hábilmente
le hizo el amor al instante...
y sobre su pecho jadeante
se dejó caer inerte...
Ella nunca dijo nada
pues su voluntad estaba
silenciada por la muerte...
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