eralda
Poeta que considera el portal su segunda casa
Te miré,
me miraste,
nos quedamos clavados
en la mirada.
Te soñé,
me soñaste,
nuestras manos se tocaron,
no hicieron falta
palabras.
Te rocé,
me rozaste,
el lenguaje de nuestras pieles
envolvió el momento,
ocultó el amor
en el roce puesto.
Te besé,
me besaste,
no hizo falta
ni que llegara el beso.
Te quise,
me quisiste,
no necesitamos
ni decírnoslo a la cara;
era evidente
que nuestras almas
se amaban.
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