iriam
Poeta adicto al portal
Me senté a escucharte
de los ingenios sedienta
me cobije la espalda,
por los fríos de la ignorancia.
Y te observé con la curiosidad
de un niño Ingenua espera,
aquella ¡De sentir que eras verdad!
Animosidad en mis pupilas,
llenas de ti, de la frase incauta
de hecho ¡La veo! Como sembraste,
cada estrofa, cada verso;
mientras a ciegas
la constelación del pretérito,
va, viene Se fatiga
Disipando dudas, recobrando silencios
¡Y pensar que era mi anhelo!...
Verte, aprenderte cada espacio, justo
Como óleo retratado,
¡Solo a la humildad se le ocurre!
Solo a la inocencia taciturna,
que a gritos me persigue
Solo a ellas les parece agua viva,
esa tu vejez inmadura.
de los ingenios sedienta
me cobije la espalda,
por los fríos de la ignorancia.
Y te observé con la curiosidad
de un niño Ingenua espera,
aquella ¡De sentir que eras verdad!
Animosidad en mis pupilas,
llenas de ti, de la frase incauta
de hecho ¡La veo! Como sembraste,
cada estrofa, cada verso;
mientras a ciegas
la constelación del pretérito,
va, viene Se fatiga
Disipando dudas, recobrando silencios
¡Y pensar que era mi anhelo!...
Verte, aprenderte cada espacio, justo
Como óleo retratado,
¡Solo a la humildad se le ocurre!
Solo a la inocencia taciturna,
que a gritos me persigue
Solo a ellas les parece agua viva,
esa tu vejez inmadura.