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Poeta que considera el portal su segunda casa
Son como ojos que te miran desde el plato,
redondas y cobrizas como monedas de cambio diminutas.
Pequeñas navegantes en salsa de embutido,
básico alimento desde los tiempos de Matusalén.
Sustento y manjar de generaciones sufridas.
Tenéis vuestro encanto y hermosura
coquetas legumbres en forma de mirilla,
alegres naufragas flotando en el fondo de la escudilla.
Si pudierais hablar de viejas historias,
vosotras que sacasteis del hambre a muchas culturas,
contaríais historias de comedores de colegio y de fogones,
historias de coqueteo con pan y vino en los mesones,
chismes de jóvenes y leyendas sabias de viejos,
y aquella de alguien que deslumbrado por un guiso vuestro,
no supo guardar su dignidad y compostura
y por llenar su estómago hasta la hartura,
renunció para siempre al privilegio de su progenitura.
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