Estrella Cabrera
Poeta adicto al portal
Me pregunté un día, recién levantada:
"los que llevan puesto el traje de responsable,
¿no se lo quitan nunca, para nada?
¿Es que no se ensucia, es que no se lava?."
"Porque les tiene que oler", yo me decía,
"¿O esta clase de ropa, día tras día,
ni se mancha ni huele?¡Qué tontería!."
Y esta incertidumbre que tenía
era del todo comprensible,
porque yo me puse el traje
sujeto con imperdibles.
Por...si no me sentaba bien,
o...no me hacía con él,
además, los botones eran horribles
y total, un año u otro me lo había de poner.
Empecé a usarlo en seguida
como si lo llevara de toda la vida.
Pero rápido ví que no era un disfraz.
Al sentir ciertas ganas de quitármelo un rato
tranquilamente empecé a desabrochar...
Inútil, en vano, intento fallido,
los malditos alfileres se habían pegado,
¡parecía como a mi piel cosido!
Me subió tal angustia por el entrecejo
que al tratar de quitármelo casi me despellejo!
Y salí a la calle, y me fijé en la gente:
¡Todo el mundo con el traje de decente!
Había un guardia urbano de aspecto diligente,
me acerqué y le dije: "Señor agente,
usted, que habitualmente, viste con uniforme,
¿cómo se quita este traje sin que se deforme?"
Me miró con recelo el policía
y pensé: "hoy acabo en comisaría".
Pues el guardia decía que el traje era robado,
y cuando un poli te acusa, búscate una buena excusa.
Y con lo mal que la prenda me sentaba,
¡Vamos, que se me notaba!
Que el traje no era mío, venga a decir el tío,
y me metí en un lío.
Eso de querer ser responsable
en mi caso resultó imperdonable.
Como del vestido no había factura
acabé detenida en jefatura.
Y sin embargo, me alegro, de haber estado entre rejas,
porque ahí dentro, las prostitutas más viejas
me enseñaron, las muy pellejas,
cómo desnudarme fácilmente
y ponerme luego el traje repelente.
Y es que los delincuentes, muy responsables no son,
pero son buena gente.
Y como tienen contactos, te consiguen trajes de éstos
a la medida, perfectos!
Y las viejas prostitutas, mujeres astutas,
en sus tiempos no estudiaban, pero cosían y bordaban.
Por un par de taleguillos, te remiendan en el traje un dobladillo,
un pespunte acá, otro allá, y una cremallera...
y el traje de responsable:
te lo pones y te lo quitas cuando quieras!
Alguna ventaja tenían que tener
los que acaban en la cárcel por robar para comer,
o las pobres prostitutas, o los parados,
que tienen que vivir con lo que han trapicheado.
Que no está mal vivir con responsabilidad
pero cualquier ser humano se merece, de vez en cuando,
darse un respiro y dejar a un lado
tanta obligada seriedad,
y disfrutar de un poquito de libertad.
* * *
"los que llevan puesto el traje de responsable,
¿no se lo quitan nunca, para nada?
¿Es que no se ensucia, es que no se lava?."
"Porque les tiene que oler", yo me decía,
"¿O esta clase de ropa, día tras día,
ni se mancha ni huele?¡Qué tontería!."
Y esta incertidumbre que tenía
era del todo comprensible,
porque yo me puse el traje
sujeto con imperdibles.
Por...si no me sentaba bien,
o...no me hacía con él,
además, los botones eran horribles
y total, un año u otro me lo había de poner.
Empecé a usarlo en seguida
como si lo llevara de toda la vida.
Pero rápido ví que no era un disfraz.
Al sentir ciertas ganas de quitármelo un rato
tranquilamente empecé a desabrochar...
Inútil, en vano, intento fallido,
los malditos alfileres se habían pegado,
¡parecía como a mi piel cosido!
Me subió tal angustia por el entrecejo
que al tratar de quitármelo casi me despellejo!
Y salí a la calle, y me fijé en la gente:
¡Todo el mundo con el traje de decente!
Había un guardia urbano de aspecto diligente,
me acerqué y le dije: "Señor agente,
usted, que habitualmente, viste con uniforme,
¿cómo se quita este traje sin que se deforme?"
Me miró con recelo el policía
y pensé: "hoy acabo en comisaría".
Pues el guardia decía que el traje era robado,
y cuando un poli te acusa, búscate una buena excusa.
Y con lo mal que la prenda me sentaba,
¡Vamos, que se me notaba!
Que el traje no era mío, venga a decir el tío,
y me metí en un lío.
Eso de querer ser responsable
en mi caso resultó imperdonable.
Como del vestido no había factura
acabé detenida en jefatura.
Y sin embargo, me alegro, de haber estado entre rejas,
porque ahí dentro, las prostitutas más viejas
me enseñaron, las muy pellejas,
cómo desnudarme fácilmente
y ponerme luego el traje repelente.
Y es que los delincuentes, muy responsables no son,
pero son buena gente.
Y como tienen contactos, te consiguen trajes de éstos
a la medida, perfectos!
Y las viejas prostitutas, mujeres astutas,
en sus tiempos no estudiaban, pero cosían y bordaban.
Por un par de taleguillos, te remiendan en el traje un dobladillo,
un pespunte acá, otro allá, y una cremallera...
y el traje de responsable:
te lo pones y te lo quitas cuando quieras!
Alguna ventaja tenían que tener
los que acaban en la cárcel por robar para comer,
o las pobres prostitutas, o los parados,
que tienen que vivir con lo que han trapicheado.
Que no está mal vivir con responsabilidad
pero cualquier ser humano se merece, de vez en cuando,
darse un respiro y dejar a un lado
tanta obligada seriedad,
y disfrutar de un poquito de libertad.
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::Necesito respirar libertad!::
::de vez en cuando! Besitos, Estrella.