Eduardo Morguenstern
Poeta que considera el portal su segunda casa
A VECES LOS RECUERDOS...
Algunas veces me distraigo y los recuerdos saltan la cerca del corral donde pastorean mientras yo tranquilamente los olvido.
Salen y sé que vagan por ahí, por donde gusten. Algunos pueden llegar a mí y si estoy distraído entran y se hacen notar.
Algunos son alegres, vivaces, me hacen sonreír y mirar lejos, como quien oye una débil musiquilla...
Otros son tristes, que vienen a buscar mis caricias, o mi consuelo o mi aprobación.
Otros pretender ser furiosos, pero su furia ya está pálida, gastada, flaca y no es creíble.
No les permito recordar mucho por ahí. ¡Cucha! ¡Cucha!
Les mando luego rápido al corral. No es bueno que se acostumbren a saltar la cerca e irrumpir nomás cuando estoy ocupado. Un buen recuerdo debe ser obediente: venir cuando se lo llama e irse cuando se lo echa.
Solo el recuerdo de Ella, a quien tanto amé y con quien viví tantas cosas bellas me invade de tanto en tanto. Lo oigo aullar desde su lugar como perro encerrado que quedó sin el amo, siempre llamándome. A veces me taladra. A veces salta y viene a mí a buscar consuelo ¿Crees que a consolarme?
Le gusta saltar la empalizada y correr a mí, aunque sea un rato, esperando tal vez que no me enoje. Suele irse solo, como con la colita entre las piernas...
A veces me acuerdo de ese recuerdo que me reclama y me apeno...
EDUARDO MORGUENSTERN
Algunas veces me distraigo y los recuerdos saltan la cerca del corral donde pastorean mientras yo tranquilamente los olvido.
Salen y sé que vagan por ahí, por donde gusten. Algunos pueden llegar a mí y si estoy distraído entran y se hacen notar.
Algunos son alegres, vivaces, me hacen sonreír y mirar lejos, como quien oye una débil musiquilla...
Otros son tristes, que vienen a buscar mis caricias, o mi consuelo o mi aprobación.
Otros pretender ser furiosos, pero su furia ya está pálida, gastada, flaca y no es creíble.
No les permito recordar mucho por ahí. ¡Cucha! ¡Cucha!
Les mando luego rápido al corral. No es bueno que se acostumbren a saltar la cerca e irrumpir nomás cuando estoy ocupado. Un buen recuerdo debe ser obediente: venir cuando se lo llama e irse cuando se lo echa.
Solo el recuerdo de Ella, a quien tanto amé y con quien viví tantas cosas bellas me invade de tanto en tanto. Lo oigo aullar desde su lugar como perro encerrado que quedó sin el amo, siempre llamándome. A veces me taladra. A veces salta y viene a mí a buscar consuelo ¿Crees que a consolarme?
Le gusta saltar la empalizada y correr a mí, aunque sea un rato, esperando tal vez que no me enoje. Suele irse solo, como con la colita entre las piernas...
A veces me acuerdo de ese recuerdo que me reclama y me apeno...
EDUARDO MORGUENSTERN