Eduardo Morguenstern
Poeta que considera el portal su segunda casa
LA EXISTENCIA ES DESAFÍO
Eduardo Morguenstern
(¿Qué confiere sentido a una vida? Primer pregunta metafísica)
I
Se amaban intensamente
y en el apasionado abrazo
en que las fuerzas irrefrenables
de la vida los envolvía
en un torbellino eléctrico
incandescente,
en un efímero fogonazo
se fundieron las fronteras
del infierno, tierra y cielo
y de ambos la conciencia
desmayóse por un instante
en que tanta vida parecía tanta muerte,
que él ya no era él y ella ya no era ella,
Una explosión y la fusión magnética
(misterio magno del espíritu y la carne)
era así el clímax .
Y ellos fueron desde ahí tus padres.
II
Un millón quinientas mil gametas compitieron
Un millón quinientas mil gametas compitieron
nadando crol a diez kilómetros por hora
(velocidad de avión si comparamos los tamaños)
hacia la meta atrayente:
un gigantesco sol gelatinoso
que resplandecía cual diamante
en los muy tibios y oscuros antros
del bello y joven organismo de tu madre.
Solo uno (como es lo más probable)
sería el campeón del ciego viaje.
El camino era un tortuoso laberinto
con pruebas tal vez insuperables.
La consigna era vivir para llegar
o perecer en una muerte solidaria
para que los otros bionautas se alimenten
de su azúcar precioso y de sus sales...
¡Y SOLO TÚ LLEGASTE!
¡Y SOLO TÚ LLEGASTE!
III
Así cada uno a la vida viene,
Así cada uno a la vida viene,
como héroe olímpico aunque ignorante
del trofeo, de la tea y la cucarda.
¡Todos los humanos son triunfales
maratónicos vencedores frente a quienes
ruboriza a Filípides la hazaña!
¡Su prehistoria fue un éxito fastuoso,
un portento gigantesco, inigualable
ante el cual palidecen de vergüenza
las futuras derrotas esperables!
Por designio del Arcano Inescrutable,
arribamos a este mundo de sorpresas
como veteranos argonautas consagrados
a las pruebas sin cuartel que nos aguarden.
El misterio del sentido nos enfrenta
como a Edipo la Esfinge con su enigma,
¿A qué vinimos? ¿Qué nos justifica?
Y se juega en la respuesta nuestra vida.
¿Cuál ha sido el para qué de mi triunfo
contra millones quizá- que yo mejores
que trajeran al mundo soluciones
que yo no puedo dar, tan impotente?
No lo dicen los filósofos ni doctores.
En adelante la lucha dura y permanente
sea mano a mano y sin cuartel contra mí mismo
y que mis manos agradecidas hoy devuelvan
los favores otrora recibidos
de aquellos valientes, que rindieron, extenuados,
su alimento para mí en aquel camino.
¡Recuerda! ¡Ya no caben más excusas!
Ahora sabes que hay en ti toda la fuerza
que a este mundo victorioso te ha traído
y que la Vida misma es quien te impulsa.
¡No desmayes! Corre por la vida como atleta
con la confianza serena de los grandes:
¡Bien abiertos los ojos en el presente
y flameando la antorcha hacia la meta!
Eduardo Morguenstern

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