Carlos Aristy
Poeta que considera el portal su segunda casa
El increíble valle de tu cuerpo.
El increíble valle de tu cuerpo,
ese donde todas la aguas bajan rugiendo,
donde tu ombligo concéntrico define el éxtasis.
El valle de las medusas descabezadas,
el mismo que florece como un péndulo
cada primavera, como la bendición del innombrable,
acosando la abeja en su afán de producir su dulzura.
El valle de donde emana y fluye la miel
que resbala por tus muslos duros,
postigos del templo de lo imprevisible.
El valle seco y árido que en sus espejismos
se refleja en tus ojos, tus hermosos ojos
que han visto el almendro florecer
y el músculo del ardiente roble proyectarse
para ser uno contigo, donde el anillo del amor
se acomoda en su infinita forma de todo.
¡Tus hermosos ojos que abarcan tanta ternura!
El increíblemente bello valle de tu cuerpo,
cansado ya de tantas cosechas, de tanta labranza.
El prodigioso valle por donde fluye subterráneamente
el amor infinito por las venas del odio,
donde la alfombra de tréboles crece hacia el infinito
y un coro de crisantemos imita las olas del mar...
Donde el grito se une a las lágrimas, rugiendo
constantemente, surtiendo el deseo,
el incansable deseo de tu locura,
la afrodisíaca leche de la corteza
que se une con la miel de tus entrañas.
¡Ay mujer! Hermosa visión para el viaje de mi sueño.
22 de Noviembre de 2009
El increíble valle de tu cuerpo,
ese donde todas la aguas bajan rugiendo,
donde tu ombligo concéntrico define el éxtasis.
El valle de las medusas descabezadas,
el mismo que florece como un péndulo
cada primavera, como la bendición del innombrable,
acosando la abeja en su afán de producir su dulzura.
El valle de donde emana y fluye la miel
que resbala por tus muslos duros,
postigos del templo de lo imprevisible.
El valle seco y árido que en sus espejismos
se refleja en tus ojos, tus hermosos ojos
que han visto el almendro florecer
y el músculo del ardiente roble proyectarse
para ser uno contigo, donde el anillo del amor
se acomoda en su infinita forma de todo.
¡Tus hermosos ojos que abarcan tanta ternura!
El increíblemente bello valle de tu cuerpo,
cansado ya de tantas cosechas, de tanta labranza.
El prodigioso valle por donde fluye subterráneamente
el amor infinito por las venas del odio,
donde la alfombra de tréboles crece hacia el infinito
y un coro de crisantemos imita las olas del mar...
Donde el grito se une a las lágrimas, rugiendo
constantemente, surtiendo el deseo,
el incansable deseo de tu locura,
la afrodisíaca leche de la corteza
que se une con la miel de tus entrañas.
¡Ay mujer! Hermosa visión para el viaje de mi sueño.
22 de Noviembre de 2009