Tamar
Poeta adicto al portal
Marta tiene párpados de guitarras,
A veces tristes, a veces flamenca,
Con acordes que no quieren levantarse de la tabla,
Con faldas negras, con palmas que la esperan.
Marta está en el rincón de siempre,
Con un mimo que quiere revelar la historia,
Ella le susurra que a su cuaderno no llegan memorias,
Y él la abraza y se vuelve confidente.
El silencio sale del espejo y corre a la sombra,
Empieza a morder el lápiz, amarrarlo al piso;
Y es que nunca le gustaron los tachones ni el olvido,
Es que el mimo se perdía siempre a esa misma hora.
Por otro lado la sombra vigilaba el telón,
Confundida sin papel al cual actuar,
En la obra en que no cuenta el recordar
Lo único que no se cuenta es el adiós.
Marta se prepara asustada.
No hay sombra, no hay lápiz, no hay silencio,
No hay entradas y sin ellas no hay reflejo.
Sólo el mimo que está cosiendo unas alas.
Marta le pregunta si se irá lejos,
Le reclama un adiós;
Él le explica que en esta cuerda floja,
Se necesita que caminen dos.
Ella se pone un sombrero,
Le da un vistazo a la hora,
Lo besa, toma sus manos,
Pero ve a la sombra como espectadora.
Marta le pide al mimo que vuelva ,
Y pone su pie derecho en la cuerda,
A veces sin la sombra del querer,
Se vale pasear por las penas.
A veces tristes, a veces flamenca,
Con acordes que no quieren levantarse de la tabla,
Con faldas negras, con palmas que la esperan.
Marta está en el rincón de siempre,
Con un mimo que quiere revelar la historia,
Ella le susurra que a su cuaderno no llegan memorias,
Y él la abraza y se vuelve confidente.
El silencio sale del espejo y corre a la sombra,
Empieza a morder el lápiz, amarrarlo al piso;
Y es que nunca le gustaron los tachones ni el olvido,
Es que el mimo se perdía siempre a esa misma hora.
Por otro lado la sombra vigilaba el telón,
Confundida sin papel al cual actuar,
En la obra en que no cuenta el recordar
Lo único que no se cuenta es el adiós.
Marta se prepara asustada.
No hay sombra, no hay lápiz, no hay silencio,
No hay entradas y sin ellas no hay reflejo.
Sólo el mimo que está cosiendo unas alas.
Marta le pregunta si se irá lejos,
Le reclama un adiós;
Él le explica que en esta cuerda floja,
Se necesita que caminen dos.
Ella se pone un sombrero,
Le da un vistazo a la hora,
Lo besa, toma sus manos,
Pero ve a la sombra como espectadora.
Marta le pide al mimo que vuelva ,
Y pone su pie derecho en la cuerda,
A veces sin la sombra del querer,
Se vale pasear por las penas.