Rigel Amenofis
Poeta que considera el portal su segunda casa
Amo las notas siderales de tu voz,
tanto como amo la música de Beethoven,
amo la tarde con el son de tu risa engastado,
pero te amo más a tí, bella niña.
Te quiero, como venero los bosques,
te amo como amo los lagos y los ríos,
con la ternura de ala de mariposa de un niño,
como a la noche con sus ojos pequeñitos
asomados al espacio-tiempo;
te amo más que a mis recuerdos infantiles,
reminiscencias plenas de futuro,
Jesucristo y mi ángel de la guarda.
Tu presencia tiene el inasible misterio
que mi fascinación por Orión,
rezuma un arco iris de alegrías,
es más querida que las auroras azules del invierno,
me conmueve tanto como la poesía de Víctor Hugo....
Tu presencia conlleva miradas, roces fortuitos,
confesiones veladas, es abismo
que se disfraza de cercanía...
Te amo, y este Nilo sagrado de sentimientos,
hace germinar la espiga de sueños
en la heredad dialéctica de mi sino;
y porque te amo,
mi númen aspira a ser fragancia,
caricia de suspiros para tu alma.
Te amo con este retoño de amor
cuyas magníficas frondas aún no tienen nombre....
Adoro tu mirada de almendra,
umbral de tu galaxia sensitiva e insondable,
cuyo contorno delimita la melodía de tu nombre;
que amo tal como la música de Beethoven.
Amo la noche que te lleva, desde los cuantos
de sus estrellas, hasta mis sueños,
y te quiero tanto, que la noche se hace diminuta,
bella Karla Alejandra.
1 Enero 2009
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