Inferno du Doleur
Poeta adicto al portal
Dedicado a José Rodolfo Hidalgo García
Conmigo
Desde joven me sostenías
en tus brazos.
Conocías cada parte de mí,
amabas cada milímetro en mí.
Me otorgaste el valor para
seguir adelante.
Me enseñaste a luchar hasta el final.
Viviste conmigo 12 hermosos años,
3 años después sigues aquí conmigo.
Al cerrar mis ojos tú aparecías.
En un sueño hermoso que aún recuerdo.
Tu luchabas por quedarte conmigo,
pero la muerte hizo su llamada.
Estoy segura que se te abrieron las puertas del cielo,
que te invitaron a aquella maravillosa cena.
Padre, espera por mí.
Padre, no te olvides de mí.
Soñaba con tu presencia,
a mi derecha estabas.
Me mirabas con tus ojos negros
tan llenos de vida y esperanza.
Yo digo que tú no has muerto, padre
Yo digo que aún vives en mí.
No me has abandonado,
sigues aquí, conmigo.
Padre, la muerte no te venció.
A tí la leucemia no te quitó la vida.
Nadie se llevó a mi padre,
nadie murió en tu despedida.
Con lágrimas una vez más te recuerdo.
Ya no hay necesidad de extrañarte.
Estás aquí, conmigo.
En un abrazo me tienes envuelta.
Tu memoria no desaparecerá nunca.
Porque el amor que me tienes es muy fuerte.
Padre, déjame secar tus lágrimas,
no llores por mi sufrimiento.
Desde joven me sostenías
en tus brazos.
Conocías cada parte de mí,
amabas cada milímetro en mí.
Me otorgaste el valor para
seguir adelante.
Me enseñaste a luchar hasta el final.
Viviste conmigo 12 hermosos años,
3 años después sigues aquí conmigo.
Al cerrar mis ojos tú aparecías.
En un sueño hermoso que aún recuerdo.
Tu luchabas por quedarte conmigo,
pero la muerte hizo su llamada.
Estoy segura que se te abrieron las puertas del cielo,
que te invitaron a aquella maravillosa cena.
Padre, espera por mí.
Padre, no te olvides de mí.
Soñaba con tu presencia,
a mi derecha estabas.
Me mirabas con tus ojos negros
tan llenos de vida y esperanza.
Yo digo que tú no has muerto, padre
Yo digo que aún vives en mí.
No me has abandonado,
sigues aquí, conmigo.
Padre, la muerte no te venció.
A tí la leucemia no te quitó la vida.
Nadie se llevó a mi padre,
nadie murió en tu despedida.
Con lágrimas una vez más te recuerdo.
Ya no hay necesidad de extrañarte.
Estás aquí, conmigo.
En un abrazo me tienes envuelta.
Tu memoria no desaparecerá nunca.
Porque el amor que me tienes es muy fuerte.
Padre, déjame secar tus lágrimas,
no llores por mi sufrimiento.
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