La Corporación
Poeta veterano
Frenopático Evaristo Corumelo,
diciembre 19 de este año.
Moví todos mis pertrechos hasta los cartones del frío
quiero decir nada
sólo para estar cerca de ti
soporté el sarcasmo de mendigos, el abuso de algunos policías:
no comprendían tanta felicidad.
Desde tus labios impertérritos a todas las lluvias de estas estúpidas calles
nunca dejabas de sonreírme,
desde la primera vez que te vi, mirándome como si fuera único en tu vida
hasta que mi corazón no fue más que un papel impreso,
panorámica del silencio,
la mañana que caminando al trabajo me despedía con tu beso:
desde tus labios tan rojos hasta tus pechos en satén bendito.
Preguntaban por ese cambio repentino ,
a mi edad,
mi esposa, mis amigos
¡como un niño/mosca tras un rabo de nube!
Y el mundo que se movía bajo mis pies era otro:
deseaba amenecer pronto,
me afeitaba preocupado de que no estuvieras allí para crearme hoy ¿de qué manera?
no sentía el gusto del café, ni el tráfico, ni el ruido;
las noches tan lejos.
Cuando me trasladé frente a tu cartel de lencería,
cuando veía desteñir tus colores y sentía derretirse mi razón,
cuando te sustituyeron por un sorbete de chocolate
-dulce también, nunca como tus labios-
aquellos funcionarios de la mercancía
sabía que estaba encadenado a una de esas locuras
que sólo termina en el absurdo del que sabe y no puede contar
que su vida tuvo al menos alguna pasión.
Hno Renato Vega
diciembre 19 de este año.
Moví todos mis pertrechos hasta los cartones del frío
quiero decir nada
sólo para estar cerca de ti
soporté el sarcasmo de mendigos, el abuso de algunos policías:
no comprendían tanta felicidad.
Desde tus labios impertérritos a todas las lluvias de estas estúpidas calles
nunca dejabas de sonreírme,
desde la primera vez que te vi, mirándome como si fuera único en tu vida
hasta que mi corazón no fue más que un papel impreso,
panorámica del silencio,
la mañana que caminando al trabajo me despedía con tu beso:
desde tus labios tan rojos hasta tus pechos en satén bendito.
Preguntaban por ese cambio repentino ,
a mi edad,
mi esposa, mis amigos
¡como un niño/mosca tras un rabo de nube!
Y el mundo que se movía bajo mis pies era otro:
deseaba amenecer pronto,
me afeitaba preocupado de que no estuvieras allí para crearme hoy ¿de qué manera?
no sentía el gusto del café, ni el tráfico, ni el ruido;
las noches tan lejos.
Cuando me trasladé frente a tu cartel de lencería,
cuando veía desteñir tus colores y sentía derretirse mi razón,
cuando te sustituyeron por un sorbete de chocolate
-dulce también, nunca como tus labios-
aquellos funcionarios de la mercancía
sabía que estaba encadenado a una de esas locuras
que sólo termina en el absurdo del que sabe y no puede contar
que su vida tuvo al menos alguna pasión.
Hno Renato Vega
Última edición:
::::