Vevero
Poeta reconocida en el portal
Esta carne que fue
cándida y trémula,
que al roce de tu mano se ha convertido
en un bastión de placeres escondidos,
hoy te llama, te grita y te implora.
Este cuerpo que fue
eros y tánatos
de tu cuerpo dolido y agotado,
fue remanso, siempre bienvenido,
de tus labios dulces y atrevidos.
Y mis labios que fueron
siempre tuyos,
peregrinando hasta tu última frontera
hoy se quiebran, estériles,
al silencio
y quedan suspendidos en la espera.
cándida y trémula,
que al roce de tu mano se ha convertido
en un bastión de placeres escondidos,
hoy te llama, te grita y te implora.
Este cuerpo que fue
eros y tánatos
de tu cuerpo dolido y agotado,
fue remanso, siempre bienvenido,
de tus labios dulces y atrevidos.
Y mis labios que fueron
siempre tuyos,
peregrinando hasta tu última frontera
hoy se quiebran, estériles,
al silencio
y quedan suspendidos en la espera.
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