Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
Aquí sigo amor, jugando con la broma de tu ausencia a las escondidas y encontradas, subiéndole la blusa a la vida para hallar en su vientre, como lunares, los sitios marcados en el mapa de los mares en donde has estado, enterrándole en el ombligo botellas con notas de auxilio a las playas donde no has llegado, y amándote, amor.
Inventado para ti, para tu espalda, nuevos versos sin fallas ortográficas que descubras cual perversa caricia en cada vértebra de tu magnifico espinazo, elucubrando húmedas poesías con nuevos verbos que de tanto movimiento suenen más allá de la pared del vecino al trac trac trac de la cama que con nuestros cuerpos y almas rechinaba a música de piel y huesos, y que sin nosotros, ahora se cubre el frío con aburridas sábanas que no huelen a nada.
Verbos con tanto ruido que desfilen titubeantes sobre el delgado filo, que en ocasiones separa al amor del sexo, verbos que al caer de un lado ruboricen las mejillas de los píos vecinos que se sientan descubiertos, y cuando se desplomen al otro lado, sean el escándalo de aquel que evangeliza con pornografía a quien no sabe del amor con calma, verbo que cuando se queden ahí en medio, se partan con el filo y se multipliquen en gemidos de amor, amor con sexo.
Aquí sigo, creyendo que en cualquier momento te encuentro y me traes tu cuerpo envuelto con la ropa que se sienta celofán urgido de romperse, que se sepa más vistosa y elegante arrugada y tirada en el piso, que se sienta cálida de tanto estar junto a tu piel y presionada por recoger, un rato después, sudores y aromas de hormonas.
Aquí sigo amor, jugando con las letras a que ya te tengo, a que entras sonriendo nuevamente por la puerta de mi vida y te sientas en mis piernas, y antes de besarnos, me regalas nuevamente tu aliento y te confieso que me sé completos también los lunares de tus pechos y tus piernas, que en las noches que a fuerza de soñarte he vencido al insomnio, mi cuerpo ha temblado y mi boca ha gritado como aquella vez, que después de amarnos, húmedos y tibios, cerramos los ojos para dejar fluir por nuestras venas, esos bellos fuegos de artificio.
Due® 29diciembre09
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Inventado para ti, para tu espalda, nuevos versos sin fallas ortográficas que descubras cual perversa caricia en cada vértebra de tu magnifico espinazo, elucubrando húmedas poesías con nuevos verbos que de tanto movimiento suenen más allá de la pared del vecino al trac trac trac de la cama que con nuestros cuerpos y almas rechinaba a música de piel y huesos, y que sin nosotros, ahora se cubre el frío con aburridas sábanas que no huelen a nada.
Verbos con tanto ruido que desfilen titubeantes sobre el delgado filo, que en ocasiones separa al amor del sexo, verbos que al caer de un lado ruboricen las mejillas de los píos vecinos que se sientan descubiertos, y cuando se desplomen al otro lado, sean el escándalo de aquel que evangeliza con pornografía a quien no sabe del amor con calma, verbo que cuando se queden ahí en medio, se partan con el filo y se multipliquen en gemidos de amor, amor con sexo.
Aquí sigo, creyendo que en cualquier momento te encuentro y me traes tu cuerpo envuelto con la ropa que se sienta celofán urgido de romperse, que se sepa más vistosa y elegante arrugada y tirada en el piso, que se sienta cálida de tanto estar junto a tu piel y presionada por recoger, un rato después, sudores y aromas de hormonas.
Aquí sigo amor, jugando con las letras a que ya te tengo, a que entras sonriendo nuevamente por la puerta de mi vida y te sientas en mis piernas, y antes de besarnos, me regalas nuevamente tu aliento y te confieso que me sé completos también los lunares de tus pechos y tus piernas, que en las noches que a fuerza de soñarte he vencido al insomnio, mi cuerpo ha temblado y mi boca ha gritado como aquella vez, que después de amarnos, húmedos y tibios, cerramos los ojos para dejar fluir por nuestras venas, esos bellos fuegos de artificio.
Due® 29diciembre09
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