Dark_Fairy
Poeta que considera el portal su segunda casa
Yo la ví sonreír bajo un
lúgubre manto de arcilla
cuando aún la polilla no rozaba
sus manos, se metía por
entre azoteas y techos de
lámina, usaba faldas desteñidas.
Jugaba en un casino abandonado
se ponía contenta, mientras agitaba
la cajetilla de cigarros, nunca se
quitó el pelo entrecano, ni las
arrugas de su cara se borraron
en los domingos aquellos, cuando
la gravedad no penetraba en sus
halos.
La ví cuando comía como cerdo
cuando lloraba y fingía una piedad
que nunca existió, cuando yo no
desconocía el sombrío recuerdo
que luego, esa sombra me mostró.
La ví caminando sobre pavimentos
traidores, calientes, endemoniados
la ví también temblando, aquella vez
que perdió.
Pero la niebla se venía encima
igual que el árbol de las cerezas
igual que la casa que de pronto
se ha hecho de nadie, de muerciélagos
de lodos, de sesos, y de esos momentos
!Aquellos momentos cuando la sangre
nunca corría y en tres metros se fugaba
y luego volvìa y se escondía en ella, en ella,
en esas puntas de pezuñas de cabras, en esos
labios de células potentes y poderosas, en esa
lengua de salmuera, cuando yo vì esas cosas.!
Encontré fugazmente una estrella morada
avioletada, enferma, ella la golpeò mil veces
en nombre del rey. (De ese rey que aún es
el de siempre) De ese que no tiene nombre ni
cara, pero que es el mismo de todas las
edades, cuando llevan los carajos, las mórbidas
ruinas de un palacio tan insólito, tan infectado
tan inmune al serpenteo alegre de las semillas
muertas.
De ese rey que ella proclama, al que también
vi tambalearse con la mitad de un brazo,
con la columna salada, y en suaves ondas
de follajes secos y vivos, de hojas muertas
y recién nacidas, con naturalezas fuertes
malvadas, con naturalezas malsanas
encantandas por el dolor de la saña.
Venid a mi, los hijos de la envidia
venid a mí, y yo la saña santa te
daré un cordel negro y rojo, rojo
para que le cuelgues un ojo purulento
un ojo azul, un ojo sin tiempo.
Por que yo la ví con un solo zapato
con un alma que le colgaba por cicatrices
que un engendro no le besó, por que muchas
cabezas lucìan rotas, de esas muñecas,
déjalas correr, déjalas gritar, déjalas
encarnar en humanos.
Yo la vì, un día fatídico, cuando
todo ese sarro malnacido, se me escapó
en el verano, cuando se pasó el
furor y la estela con vísceras se hizo
''de mode''...
Deme ese lúgubre manto, que me queda
mejor a mí, pa' cuando no quiera
que me vean, pa' cuando me
oculte fétidamente en las
paredes.
Y es en las paredes donde se agrede
al alma, a la pútrida, a la santa, a la
bienavenida.
A la nada...
A la puta...
A la perra...
A la falsa...
A la metida...
A la estúpida...
A todas que es una misma.
lúgubre manto de arcilla
cuando aún la polilla no rozaba
sus manos, se metía por
entre azoteas y techos de
lámina, usaba faldas desteñidas.
Jugaba en un casino abandonado
se ponía contenta, mientras agitaba
la cajetilla de cigarros, nunca se
quitó el pelo entrecano, ni las
arrugas de su cara se borraron
en los domingos aquellos, cuando
la gravedad no penetraba en sus
halos.
La ví cuando comía como cerdo
cuando lloraba y fingía una piedad
que nunca existió, cuando yo no
desconocía el sombrío recuerdo
que luego, esa sombra me mostró.
La ví caminando sobre pavimentos
traidores, calientes, endemoniados
la ví también temblando, aquella vez
que perdió.
Pero la niebla se venía encima
igual que el árbol de las cerezas
igual que la casa que de pronto
se ha hecho de nadie, de muerciélagos
de lodos, de sesos, y de esos momentos
!Aquellos momentos cuando la sangre
nunca corría y en tres metros se fugaba
y luego volvìa y se escondía en ella, en ella,
en esas puntas de pezuñas de cabras, en esos
labios de células potentes y poderosas, en esa
lengua de salmuera, cuando yo vì esas cosas.!
Encontré fugazmente una estrella morada
avioletada, enferma, ella la golpeò mil veces
en nombre del rey. (De ese rey que aún es
el de siempre) De ese que no tiene nombre ni
cara, pero que es el mismo de todas las
edades, cuando llevan los carajos, las mórbidas
ruinas de un palacio tan insólito, tan infectado
tan inmune al serpenteo alegre de las semillas
muertas.
De ese rey que ella proclama, al que también
vi tambalearse con la mitad de un brazo,
con la columna salada, y en suaves ondas
de follajes secos y vivos, de hojas muertas
y recién nacidas, con naturalezas fuertes
malvadas, con naturalezas malsanas
encantandas por el dolor de la saña.
Venid a mi, los hijos de la envidia
venid a mí, y yo la saña santa te
daré un cordel negro y rojo, rojo
para que le cuelgues un ojo purulento
un ojo azul, un ojo sin tiempo.
Por que yo la ví con un solo zapato
con un alma que le colgaba por cicatrices
que un engendro no le besó, por que muchas
cabezas lucìan rotas, de esas muñecas,
déjalas correr, déjalas gritar, déjalas
encarnar en humanos.
Yo la vì, un día fatídico, cuando
todo ese sarro malnacido, se me escapó
en el verano, cuando se pasó el
furor y la estela con vísceras se hizo
''de mode''...
Deme ese lúgubre manto, que me queda
mejor a mí, pa' cuando no quiera
que me vean, pa' cuando me
oculte fétidamente en las
paredes.
Y es en las paredes donde se agrede
al alma, a la pútrida, a la santa, a la
bienavenida.
A la nada...
A la puta...
A la perra...
A la falsa...
A la metida...
A la estúpida...
A todas que es una misma.
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