legendario
Poeta que considera el portal su segunda casa
Cantando quedito
bajas la ladera,
tus blancas burbujas
eructan a brisa
que airea el follaje
de los higuerones
Arpegios de seda,
notas cristalinas,
chasquidos que saben
a cantos de cielo,
rasgan mil crujidos
por entre las rocas
Inquilinos natos;
ángeles acuáticos
tejen sus arpegios
con finas gargantas
y entonan los himnos
en las enramadas
En charcas vecinas,
un eyaculado
como de los Dioses,
convulsiona ansioso
con el movimiento
de los renacuajos
Y derramas vida
regando insaciable
la sedienta tierra
que preñada ansía
dar a luz los frutos
de tus lagrimones
Bajas hasta el río
donde mueres cauto;
sobrio, como sabio
que muere en silencio,
después de haber dado
la vida por nada
bajas la ladera,
tus blancas burbujas
eructan a brisa
que airea el follaje
de los higuerones
Arpegios de seda,
notas cristalinas,
chasquidos que saben
a cantos de cielo,
rasgan mil crujidos
por entre las rocas
Inquilinos natos;
ángeles acuáticos
tejen sus arpegios
con finas gargantas
y entonan los himnos
en las enramadas
En charcas vecinas,
un eyaculado
como de los Dioses,
convulsiona ansioso
con el movimiento
de los renacuajos
Y derramas vida
regando insaciable
la sedienta tierra
que preñada ansía
dar a luz los frutos
de tus lagrimones
Bajas hasta el río
donde mueres cauto;
sobrio, como sabio
que muere en silencio,
después de haber dado
la vida por nada
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