Te tendría que haber dicho
que a los mil años
no se aprende a caminar.
Ensayando cómo inclinarse,
no se desprende del cuerpo la piel.
Con borrar el sol
no se ahuyenta el día
la puesta vale en toda su redondez
lo que el naranja a la fruta.
Lo jugoso de llover se cristaliza en tus pechos.
Estás encantada
déjame que te diga,
fue desde este sueño,
que alondras amanecen en ti
para anidar en mi vientre.
Adriana Vargas Pimentel
Perú
Con este poema participo en el segundo Concurso de Poesía de Heptagrama
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