Fabián Menassa
Poeta adicto al portal
No son nuestros ojos la distancia,
no es la piel haciéndose añicos,
cayendo nocturna y sigilosa,
gris de nuestros calcáreos huesos.
El océano tampoco es la distancia
espejo de la propia mirada
nada del recuerdo de tu nombre
resonando en el eco de los años.
No son los infinitos, verdes prados,
tendidos al horizonte de tus sueños
cosiendo cielo y tierra en la retina
tu libertad de alondra.
Nada sabe el corazón de la distancia
ni los cuerpos celestes de su altura.
no es la piel haciéndose añicos,
cayendo nocturna y sigilosa,
gris de nuestros calcáreos huesos.
El océano tampoco es la distancia
espejo de la propia mirada
nada del recuerdo de tu nombre
resonando en el eco de los años.
No son los infinitos, verdes prados,
tendidos al horizonte de tus sueños
cosiendo cielo y tierra en la retina
tu libertad de alondra.
Nada sabe el corazón de la distancia
ni los cuerpos celestes de su altura.
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