camicho
Poeta asiduo al portal
Ese lujo de darle nombre
a los momentos que nos apartan del contexto.
Excluido,
reconozco un amplio vacío
de tenue luz o quizás imaginable.
Pincelada única
sobre oxigeno volátil
como estos instantes.
Aliento necesario para confundirlo con suspiros
y con ayuda manual
apretar el miocardio sin ánimo de soltarlo.
Dolor mudo, estandarte que no marchitas.
Gélidas noches aun no me matan.
Rasgadas las palabras
se trozan entre las encías
e incompletas tiritan las ideas
o se mezclan con ironía.
Álgidos retumban tus ecos dentro de mis paredes,
esculpidas con uñas,
todos tus nombres se dejan notar.
Piscina aromática de ayeres
en la que sumerjo mis latidos,
cóctel fúnebre
en el que lo intento con impotencia,
sólo ahogarme
para finar de ese arpegio inmortal
que hacen tus dedos
en mi rostro,
en mi torso ,
en mi alma,
en mi nada.
Tapizo con hielo
los pasadizos y rincones que me habitan,
exhalando vapores
para tan solo observarte en caprichosas
formas huir de entre mis dedos.
Aunque talle tus labios próximos a los míos,
lejanos se sienten todavía.
Esta alquimia de sensaciones cáusticas,
me atrapa,
me arrastra,
me arranca
y rompe mis moldes
de moralidad,
de soberbia,
de risa furtiva
y con lástima trazan pentagramas
alimentando melodías,
hasta que sangren
los tímpanos taladrados
por tantas estrofas de empatía reciclada
de manuales baratos.
Miel de cántaros amables
cortan paladares,
afilados tus néctares los labios resecan.
Enciendo fogatas sobre tu pecho,
no basta si incluso
apoyo tu cabeza en el mío
e infidente de tus mejillas me habla.
Al susurro de una voz
ruda,
tosca,
grave...
tiemblas
y las vísceras
se tuercen hasta los amaneceres.
Cólicos desde las entrañas
entorpecen emociones
ya de por si irracionales.
Quemando los párpados
se evitan distracciones,
un regalo un mirada fijaromántica
o mas ideas tontas.
Muchas razones para volverme ceniza
para que con tus yemas
pintes tu rostro con ánimo de guerra
y esta falsa armonía
se quede relegada
en tus asientos diplomáticos
y estribillos descalzos.
En fin...
cuestionables son mis versos,
con atardeceres ficticios
y mal intencionada poesía.
En la que te hago un culto
para seguir torturando días
atormentando mis días
y obvio, también los tuyos.
a los momentos que nos apartan del contexto.
Excluido,
reconozco un amplio vacío
de tenue luz o quizás imaginable.
Pincelada única
sobre oxigeno volátil
como estos instantes.
Aliento necesario para confundirlo con suspiros
y con ayuda manual
apretar el miocardio sin ánimo de soltarlo.
Dolor mudo, estandarte que no marchitas.
Gélidas noches aun no me matan.
Rasgadas las palabras
se trozan entre las encías
e incompletas tiritan las ideas
o se mezclan con ironía.
Álgidos retumban tus ecos dentro de mis paredes,
esculpidas con uñas,
todos tus nombres se dejan notar.
Piscina aromática de ayeres
en la que sumerjo mis latidos,
cóctel fúnebre
en el que lo intento con impotencia,
sólo ahogarme
para finar de ese arpegio inmortal
que hacen tus dedos
en mi rostro,
en mi torso ,
en mi alma,
en mi nada.
Tapizo con hielo
los pasadizos y rincones que me habitan,
exhalando vapores
para tan solo observarte en caprichosas
formas huir de entre mis dedos.
Aunque talle tus labios próximos a los míos,
lejanos se sienten todavía.
Esta alquimia de sensaciones cáusticas,
me atrapa,
me arrastra,
me arranca
y rompe mis moldes
de moralidad,
de soberbia,
de risa furtiva
y con lástima trazan pentagramas
alimentando melodías,
hasta que sangren
los tímpanos taladrados
por tantas estrofas de empatía reciclada
de manuales baratos.
Miel de cántaros amables
cortan paladares,
afilados tus néctares los labios resecan.
Enciendo fogatas sobre tu pecho,
no basta si incluso
apoyo tu cabeza en el mío
e infidente de tus mejillas me habla.
Al susurro de una voz
ruda,
tosca,
grave...
tiemblas
y las vísceras
se tuercen hasta los amaneceres.
Cólicos desde las entrañas
entorpecen emociones
ya de por si irracionales.
Quemando los párpados
se evitan distracciones,
un regalo un mirada fijaromántica
o mas ideas tontas.
Muchas razones para volverme ceniza
para que con tus yemas
pintes tu rostro con ánimo de guerra
y esta falsa armonía
se quede relegada
en tus asientos diplomáticos
y estribillos descalzos.
En fin...
cuestionables son mis versos,
con atardeceres ficticios
y mal intencionada poesía.
En la que te hago un culto
para seguir torturando días
atormentando mis días
y obvio, también los tuyos.
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