AMANT
Poeta adicto al portal
He comprendido
que en los burdeles
de la desesperanza
se prostituye mi alma.
Descansa el silencio
entre atardeceres turbios
verdaderos, inquietos, intensos,
sonoros,
se duerme
en el lecho mullido de la poesía,
se cobija con sábanas níveas,
que a veces hielan más...
bajo una lluvia de tinta
que a veces es aguanieve;
cierra los ojos anhelando
en las manos asesinas de la música,
encontrar la muerte.
Te pienso,
_te recuerdo_.
Como un roble se arraiga
el tiempo
en mí
y no se marcha aunque corra,
aunque, raudo, para los demás,
pase,
o simplemente expire
y se vaya al cielo o al infierno
de la memoria;
en la incierta benignidad
del presente,
respira calladamente,
impotente testigo
de las más injustas realidades,
como yo...
De la soledad,
los gritos constantes
no me han ensordecido.
Cristalinas y vetustas,
las horas ahora pretéritas,
empolvadas,
se han marchado
sin despedirse.
Las musas
se han quedado sin inspiración.
No me place más escribir sonidos
que sueñan con ser sonetos
así como yo sueño contigo...
A veces,
quiero correr a ti.
El amor existe, subsiste, sobrevive.
Cierto es que conocí el edén
y el infierno antes de morir
en uno sólo de tus besos,
y, al tiempo, entendí
por qué y para qué nací,
y no apareces...
A estas alturas
aún imagino
que no vendrás,
que no llegarás.
Afuera, la calidez te nombra.
Dentro, el eco
del enamoramiento resuena
en las montañas abismales
de tu ausencia,
Dentro el amor iza las velas
para navegar de nuevo
en el mar escarlata de mis venas
guiado por el faro
que percute luminosos sonidos
que dan vida.
No ha apagado este sentimiento,
la distancia
lo desayuna, lo cena,
lo almuerza,
pero éste no termina.
De las minas de mi esencia,
las vetas de oro
a diario se renuevan,
la quinta esencia sigue fluyendo,
circulándome, nutriéndome.
De mi divagar los pasos,
dejan sinuosas huellas
esparcidas sobre la vereda
de los versos
mientras me pregunto si el punto
hacia el cual se enfilan
las letras mías, tuyas, nuestras,
será seguido o final.
que en los burdeles
de la desesperanza
se prostituye mi alma.
Descansa el silencio
entre atardeceres turbios
verdaderos, inquietos, intensos,
sonoros,
se duerme
en el lecho mullido de la poesía,
se cobija con sábanas níveas,
que a veces hielan más...
bajo una lluvia de tinta
que a veces es aguanieve;
cierra los ojos anhelando
en las manos asesinas de la música,
encontrar la muerte.
Te pienso,
_te recuerdo_.
Como un roble se arraiga
el tiempo
en mí
y no se marcha aunque corra,
aunque, raudo, para los demás,
pase,
o simplemente expire
y se vaya al cielo o al infierno
de la memoria;
en la incierta benignidad
del presente,
respira calladamente,
impotente testigo
de las más injustas realidades,
como yo...
De la soledad,
los gritos constantes
no me han ensordecido.
Cristalinas y vetustas,
las horas ahora pretéritas,
empolvadas,
se han marchado
sin despedirse.
Las musas
se han quedado sin inspiración.
No me place más escribir sonidos
que sueñan con ser sonetos
así como yo sueño contigo...
A veces,
quiero correr a ti.
El amor existe, subsiste, sobrevive.
Cierto es que conocí el edén
y el infierno antes de morir
en uno sólo de tus besos,
y, al tiempo, entendí
por qué y para qué nací,
y no apareces...
A estas alturas
aún imagino
que no vendrás,
que no llegarás.
Afuera, la calidez te nombra.
Dentro, el eco
del enamoramiento resuena
en las montañas abismales
de tu ausencia,
Dentro el amor iza las velas
para navegar de nuevo
en el mar escarlata de mis venas
guiado por el faro
que percute luminosos sonidos
que dan vida.
No ha apagado este sentimiento,
la distancia
lo desayuna, lo cena,
lo almuerza,
pero éste no termina.
De las minas de mi esencia,
las vetas de oro
a diario se renuevan,
la quinta esencia sigue fluyendo,
circulándome, nutriéndome.
De mi divagar los pasos,
dejan sinuosas huellas
esparcidas sobre la vereda
de los versos
mientras me pregunto si el punto
hacia el cual se enfilan
las letras mías, tuyas, nuestras,
será seguido o final.
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