Sarah Valentina
Poeta que considera el portal su segunda casa
Elocuentes nebulosas de un pasado,
cantar bohemio con la voz callada
por el paso de los tiempos.
Una profecía,
un rostro dibujado en cada esquirla del silencio.
Y te llamabas ilusión,
trazos de pasión aglomerada,
lenta luz que cohabitaba con mis usados pensamientos.
Te llamabas verso,
linimento fugaz de mi palabra,
un rizo de avellana precursor imaginario de lo eterno.
Se cierra inminente el telón de los ayeres
malogrando los minutos de tu luz haciendo eco.
Se desnuda el hoy
y en un devenir extraño de los cielos
tu nombre comenzó a llamarse lejanía,
y a mi,
A mi la luna en su inconstancia
bautizó mis ojos con el agua de los miedos.
El presente que corrompe se desvela
posándose en la inmensa esclavitud del sentimiento
es un ahora
Y duda siempre entre llorar o sentirse satisfecho
Es un horizonte
cofradía de perfumes blanco celestial
que coloca tu sonrisa en el ámbar de los sueños,
Mientras yo,
Yo estrangulo mi memoria para no morir
en el azul turquesa del recuerdo
cantar bohemio con la voz callada
por el paso de los tiempos.
Una profecía,
un rostro dibujado en cada esquirla del silencio.
Y te llamabas ilusión,
trazos de pasión aglomerada,
lenta luz que cohabitaba con mis usados pensamientos.
Te llamabas verso,
linimento fugaz de mi palabra,
un rizo de avellana precursor imaginario de lo eterno.
Se cierra inminente el telón de los ayeres
malogrando los minutos de tu luz haciendo eco.
Se desnuda el hoy
y en un devenir extraño de los cielos
tu nombre comenzó a llamarse lejanía,
y a mi,
A mi la luna en su inconstancia
bautizó mis ojos con el agua de los miedos.
El presente que corrompe se desvela
posándose en la inmensa esclavitud del sentimiento
es un ahora
Y duda siempre entre llorar o sentirse satisfecho
Es un horizonte
cofradía de perfumes blanco celestial
que coloca tu sonrisa en el ámbar de los sueños,
Mientras yo,
Yo estrangulo mi memoria para no morir
en el azul turquesa del recuerdo
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