LA ANGEL NEGRO
Poeta que considera el portal su segunda casa
Era una cálida noche en la que solo quería estar sola,
fundirme en mis solitarios y confundidos pensamientos.
Me encontraba en la confortable soledad de la oscuridad,
cuando me di cuenta de que "él" había entrado en mi habitación.
Intenté ignorarlo, pero él se acercó, me dio un beso en la frente y comenzó a susurrame al oído.
Me incorporé de un salto y sentada sobre el borde de mi cama comencé a pedirle,
suplicarle y gritarle que se fuera,
que tan solo quería estar sola, que no me molestara.
Él dio una vuelta por el cuarto y se apoyó contra la pared,
desde allí se quedó mirándome como diciéndome
que no tenía intenciones de que yo cumpliera mi deseo.
Intenté calmarme y volví a mi cama.
Pero esta no iba a ser una noche tranquila para mí.
Él sigilosamente volvió a acercarse, esta vez no pude o no quise controlarme.
Entonces tomé su delicado y frágil cuerpo entre mis manos
y comencé a sacudirlo y apretarlo cada vez más fuerte
hasta que mis fuerzas se agotaron.
Lo solté.
Su delicado y pequeño cuerpo yacía sobre el frío suelo.
Sin saber porque, comencé a llorar, me arrodille y tomé su cuerpo entre mis manos.
Comencé a preguntarle ¿por qué?, porque no se había ido cuando le dije, porque se había quedado,
si yo lo único que quería era estar tranquila, sola, nada más.
Luego otro sentimiento totalmente opuesto me invadió,
entonces comencé a reírme: lo que uno puede hacer o cometer
cuando se encuentra sin control, atrapado en este mundo
y se quiere estar sola, tranquila:
empecé a llorar por haber matado,
a un tonto e insignificante:
fundirme en mis solitarios y confundidos pensamientos.
Me encontraba en la confortable soledad de la oscuridad,
cuando me di cuenta de que "él" había entrado en mi habitación.
Intenté ignorarlo, pero él se acercó, me dio un beso en la frente y comenzó a susurrame al oído.
Me incorporé de un salto y sentada sobre el borde de mi cama comencé a pedirle,
suplicarle y gritarle que se fuera,
que tan solo quería estar sola, que no me molestara.
Él dio una vuelta por el cuarto y se apoyó contra la pared,
desde allí se quedó mirándome como diciéndome
que no tenía intenciones de que yo cumpliera mi deseo.
Intenté calmarme y volví a mi cama.
Pero esta no iba a ser una noche tranquila para mí.
Él sigilosamente volvió a acercarse, esta vez no pude o no quise controlarme.
Entonces tomé su delicado y frágil cuerpo entre mis manos
y comencé a sacudirlo y apretarlo cada vez más fuerte
hasta que mis fuerzas se agotaron.
Lo solté.
Su delicado y pequeño cuerpo yacía sobre el frío suelo.
Sin saber porque, comencé a llorar, me arrodille y tomé su cuerpo entre mis manos.
Comencé a preguntarle ¿por qué?, porque no se había ido cuando le dije, porque se había quedado,
si yo lo único que quería era estar tranquila, sola, nada más.
Luego otro sentimiento totalmente opuesto me invadió,
entonces comencé a reírme: lo que uno puede hacer o cometer
cuando se encuentra sin control, atrapado en este mundo
y se quiere estar sola, tranquila:
empecé a llorar por haber matado,
a un tonto e insignificante:
:: ¡Ánda y que le dén! Que vengan en verano, ¿qué cojones hace un mosquito rondando en tu habitación en pleno invierno?::
:: ¡Hostia!A lo mejor era un príncipe azul, en forma de insecto, en lugar de sapo! ¡Y lo has matado, insensata!::
::¿Qué has hecho? ¿Te das cuenta? Jajajajajajajajajajaja
::.
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::
::