Pescador nublado
Poeta que considera el portal su segunda casa
Giros en un solo lugar forman los caminos del laberinto
del pasado que consume su propio tiempo
para expulsar figuras de su propio cielo.
Con las palabras que me diste entono un himno extinto.
Tonos blancos que murieron al transformarse en pinturas sombrías
formaron la galería de aquellos días que se perdieron,
le dieron las señales a aquellos que ya no te siguieron.
Con tus últimas palabras decantadas enfrento las primeras sequías.
Sonidos que se perdieron por la fuerza de tu despedida
son los ecos que encierran los acertijos que dejaste en la mesa,
los gritos de desesperación que apaga quien devora su presa.
Con los papeles rotos que me diste busco mi casa perdida.
La soledad que se gesta del líquido de la ausencia
y se convierte en las cenizas de aquellas palabras muertas.
Templos que no tuvieron oportunidad de abrir sus puertas.
Con el reflejo de tus ojos rearmo tu presencia.
Luz que se perdió en los sismos que con tus palabras producías,
tierra que se hizo estéril, donde nada germina[
y donde no se sabe qué es lo que inicia y termina.
Con las promesas que me diste intento descifrar a quién seguías.
Noches que se pasan como seres que nadan en las horas,
días que transcurren como fotocopias que corren en espiral.
Puentes que se construyeron al azar, con instinto abismal.
Con el último respiro que me diste miro como me abandonas.
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