DIEGO
Poeta adicto al portal
Se han vaciado tus ojos de la sal de los mares. Tus pupilas perdieron la luz maravillosa que emanaban a diario. Tus manitos inquietas encontraron la calma. Tu sonrisa es sonrisa, pero esta vez, callada.
Un silencio de asombro reina en toda la casa. Los ecos de los pasos que hasta ayer caminabas. Incógnitas que hielan las cansadas paredes, las esperas tardías, las rosas marchitadas.
Tus retratos intentan reemplazar el vacío. Ni siquiera se acercan al logro pretendido.
Rincones que curiosos preguntan por tu alma. Preguntas sin respuestas. Discusión bizantina.
El patio recorrido por demoradas hojas, que el viento empuja ansioso al descanso en la entrada. Un sol que timorato entibia, por las dudas aparezcas de pronto, cruzando la galería corta, que extraña tus mañanas.
Una cama gigante que ocupa un solo lado, el de tu compañero eterno, tu amante desolado.
Aún está tu ropa, esperando que vuelvas. Si al menos esta vez, se hubiere equivocado…
Te extrañan los sillones, los cuartos. La radio silenció sus humores desde que tus oídos cerraron su atención.
Es inútil. La espera intempestiva tiene el cartel de “eterna”; la ilusión de tu vuelta, la etiqueta “perpetua”. Y aún a sabiendas de que jamás lo hagas, te seguiré esperando. Porque el lugar vacante tiene un solo destino: la espera solitaria, la nada y el vacío.
La muerte traicionera se ha llevado, el alma más hermosa y amada que habitara esta tierra.
Pero no se dio cuenta que dejó las semillas. Florecientes simientes que han de vengar el rapto. Perpetuarán tu vida como tus ideales. Porque es imposible matar lo inalcanzable.
Y porque la palabra olvido no esta en mi diccionario.
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A mi Madre.
Un silencio de asombro reina en toda la casa. Los ecos de los pasos que hasta ayer caminabas. Incógnitas que hielan las cansadas paredes, las esperas tardías, las rosas marchitadas.
Tus retratos intentan reemplazar el vacío. Ni siquiera se acercan al logro pretendido.
Rincones que curiosos preguntan por tu alma. Preguntas sin respuestas. Discusión bizantina.
El patio recorrido por demoradas hojas, que el viento empuja ansioso al descanso en la entrada. Un sol que timorato entibia, por las dudas aparezcas de pronto, cruzando la galería corta, que extraña tus mañanas.
Una cama gigante que ocupa un solo lado, el de tu compañero eterno, tu amante desolado.
Aún está tu ropa, esperando que vuelvas. Si al menos esta vez, se hubiere equivocado…
Te extrañan los sillones, los cuartos. La radio silenció sus humores desde que tus oídos cerraron su atención.
Es inútil. La espera intempestiva tiene el cartel de “eterna”; la ilusión de tu vuelta, la etiqueta “perpetua”. Y aún a sabiendas de que jamás lo hagas, te seguiré esperando. Porque el lugar vacante tiene un solo destino: la espera solitaria, la nada y el vacío.
La muerte traicionera se ha llevado, el alma más hermosa y amada que habitara esta tierra.
Pero no se dio cuenta que dejó las semillas. Florecientes simientes que han de vengar el rapto. Perpetuarán tu vida como tus ideales. Porque es imposible matar lo inalcanzable.
Y porque la palabra olvido no esta en mi diccionario.
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A mi Madre.
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