Te mezclas en la espuma que dejan mis versos
enjugando el camino bajo sus pies descalzos.
Entonces yo me detuve en ti como siempre
pero de nuevo como la primera vez eras ausente.
El día amanece gris y yo necesito sus horas
nuevamente encerradas en manos temblorosas.
Se desgrana el reloj y el tren aprieta las vías
paralelo a los campos tiznados de caramelo.
Bajo los pies las huellas soportan el peso
del abovedado silencio que transita.
Por el camino aquel donde dormido
quedose para siempre el infinito.
Amueblado por razones tan sobradas
como habitan en el corazón enamorado.
Desatas nudo a nudo las cadenas
que surgen a eslabones de mis letras.
Y formas así un nido entre algodones
sometiendo mi voz a tu palabra.
Última edición: