Raúl Castillo
Poeta que considera el portal su segunda casa
A esa mujer
A esa mujer, que caprichosa invade,
untada en la saliva de incontables deseos,
en las estrías de los pies pequeños
de la osada memoria.
Muchas cosas le arranqué,
de camino a lo sublime.
A esa mujer que esconde
en las turbias cenizas de su rostro,
le dije, "toma mi lengua, recuerda."
y su boca devoró
a la vulgar conciencia,
atardecida en el insomnio.
A esa mujer que regresa en las sombras,
porque soy menos sin sus garras,
¡Bienvenida!, revuélcate conmigo,
aunque sea en el ropaje
inmenso, de una fantasía.
A esa mujer, que caprichosa invade,
untada en la saliva de incontables deseos,
en las estrías de los pies pequeños
de la osada memoria.
Muchas cosas le arranqué,
de camino a lo sublime.
A esa mujer que esconde
en las turbias cenizas de su rostro,
le dije, "toma mi lengua, recuerda."
y su boca devoró
a la vulgar conciencia,
atardecida en el insomnio.
A esa mujer que regresa en las sombras,
porque soy menos sin sus garras,
¡Bienvenida!, revuélcate conmigo,
aunque sea en el ropaje
inmenso, de una fantasía.
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