O la vez que me incorporé en cacería de botijas
o cuando de accidente metí el amanecer ajeno en la pulgada del papagayo,
o la noche que lustró el reverso al solsticio inserhumano.
Una costillita asada huele en el carbonar
la mejilla de la berenjena se aterciopela al despunte de la cofradía
los pañales de los ancianos y las brechas de la longevidad
pujan en un carrete con reumas regaladas a los confinados.
O la vez que encontré la sortija en el caleidoscopio enfermo,
o cuando de improviso la ferretería y el mero-macho fabricaron los fantasmas,
o la noche que vino con un bigañuelo que se multiplicó para siempre.
Una huerfanita errante duele en un tamborín,
las pestañas de los canis lupus arropan los ojos al volumen de la tribulación,
las bridas de los hipocampos y las castañuelas del avemaría
retornan a las cabezas de los maricones de la bastilla.
O la vez que enfermé de los nervios en la capilla Sixtina
o cuando de repente me borré la sonrisa en el lebrillo de Pilatos
o la noche que encontré 20 miserias en el yucal de un hermano.
Un infame de marina inhala talco celestial por la proa
la Martinica se ahoga en un vaso de grava agridulce y bendita
los boticarios falsifican las guirnaldas de los proxenetas
un entra y sale que amerita un cigarrillo de mostaza.
O la vez que regresé al manicomio y cuadrupliqué las apuestas
o cuando un bacilo quiso matizar de guandul la bayoneta
la noche que te toqué las ambiciones para ocuparte enterita.
¿te enteraste, Carmen cenia?,
están repartiendo muñecas y bicicletas
frente al almacén de don Braulio.
o cuando de accidente metí el amanecer ajeno en la pulgada del papagayo,
o la noche que lustró el reverso al solsticio inserhumano.
Una costillita asada huele en el carbonar
la mejilla de la berenjena se aterciopela al despunte de la cofradía
los pañales de los ancianos y las brechas de la longevidad
pujan en un carrete con reumas regaladas a los confinados.
O la vez que encontré la sortija en el caleidoscopio enfermo,
o cuando de improviso la ferretería y el mero-macho fabricaron los fantasmas,
o la noche que vino con un bigañuelo que se multiplicó para siempre.
Una huerfanita errante duele en un tamborín,
las pestañas de los canis lupus arropan los ojos al volumen de la tribulación,
las bridas de los hipocampos y las castañuelas del avemaría
retornan a las cabezas de los maricones de la bastilla.
O la vez que enfermé de los nervios en la capilla Sixtina
o cuando de repente me borré la sonrisa en el lebrillo de Pilatos
o la noche que encontré 20 miserias en el yucal de un hermano.
Un infame de marina inhala talco celestial por la proa
la Martinica se ahoga en un vaso de grava agridulce y bendita
los boticarios falsifican las guirnaldas de los proxenetas
un entra y sale que amerita un cigarrillo de mostaza.
O la vez que regresé al manicomio y cuadrupliqué las apuestas
o cuando un bacilo quiso matizar de guandul la bayoneta
la noche que te toqué las ambiciones para ocuparte enterita.
¿te enteraste, Carmen cenia?,
están repartiendo muñecas y bicicletas
frente al almacén de don Braulio.