Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
.
Aún
estás en mi mirada junto a los cristales de la acera
que una noche fueron tan estrellas
-tan divas las divinas-
que le pesaron tanto al celo del negro firmamento
que las reventó en un descuido parpadeo
de su centinela medialuna
en el viento con su aroma a mar en llanto
y en las ráfagas de los suspiros
que me llegan unas veces bravos
otras calmos como olas de ese tu mirar tan verde
en el místico tic tac mito del sonido tiempo
que no pasa ni con el sórdido silencio
que hay entre atardeceres y alboradas
donde no me encuentro sin ti mi horizonte
en las miradas ajenas indiscretas que escudriñan mi mirar
cuando más me hago el fuerte y le vale madres a la nostalgia
que se escure sin piedad alguna por los lagrimales
hasta caer en la taza de café donde me ahogo
al saber que no que después de tanto y todo no te has ido.
Due® 6.4.10
.
Aún
estás en mi mirada junto a los cristales de la acera
que una noche fueron tan estrellas
-tan divas las divinas-
que le pesaron tanto al celo del negro firmamento
que las reventó en un descuido parpadeo
de su centinela medialuna
en el viento con su aroma a mar en llanto
y en las ráfagas de los suspiros
que me llegan unas veces bravos
otras calmos como olas de ese tu mirar tan verde
en el místico tic tac mito del sonido tiempo
que no pasa ni con el sórdido silencio
que hay entre atardeceres y alboradas
donde no me encuentro sin ti mi horizonte
en las miradas ajenas indiscretas que escudriñan mi mirar
cuando más me hago el fuerte y le vale madres a la nostalgia
que se escure sin piedad alguna por los lagrimales
hasta caer en la taza de café donde me ahogo
al saber que no que después de tanto y todo no te has ido.
Due® 6.4.10
.
Última edición: