Noche, fresas blancas, laureles desprimaverizados
sorteo en vasijas de algodón
de algún heroísmo viril, conforme a los machetazos
al lomo de las albejacas de libros mojados.
Día, camiones alfabetizados, niños, espuelas, distribuciones elásticas
gran logro para los policías pedigüeños, que siempre altiva la frente alzaran
pues, Con dolo y ardid expusieron el costado
de la fritura del intruso señor del desdén.
Abejones de coco
culebra que cambia de piel
tan esclava, tan indolente, tan servil, tan oblicua a la urbe.
Habríamos de pensar, que pasando de mano en mano el secreto
los antulios cambiarían la opinión del alguacilillo
algo así como los ejes de mi carreta
que jamás volveré a engrasar
o como el sociólogo,
que llega desde Somalia con una maestría en hambre.
Madrugada, cañafístula, empanadas redentoras
y damnificados momificados en alguna parte
bocadillos de sangre .
ir y venir del engreído,
que ser libre merece,
entonando su canto con viva emoción.
Si se hace canción una pena
volverían los rastrillos a los fulleros
la filosofía a los aguajeros
la enfermedad a los agujeros
de los paupérrimos de cuna.
Los hisopos sacarían el cerumen un 27 de febrero
y los mojigatos cambiarían la costra nostra
por gorgojos acongojados.
¡avemariiiiiiia!
cuanta ganas de nieve
en quisquilla indómita y brava
de latrocinios y disculpa se ha vendido.
Y si fueren mil veces esclavas
las manos del apocalipsis inmediato
otra tanta hegemónica interferencia
Ser libre sabrá́ .
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