Orfelunio
Poeta veterano en el portal
Volcán
Tenía la sien plateada,
el rostro de fuego,
en la frente algún ruego,
y la barba escarchada.
Tenía los montes de raso,
los mares de agua,
los ríos huellas de paso,
y los prados de un verde que habla.
Y también nubes,
oscuras y albas;
lluvias alegres,
y tormentas que arrasan.
Sus manos eran volcanes
que escupen fluidos,
y horas desatan;
auroras y ocasos,
victorias, fracasos,
de lavas y lavas;
soles y tiempos,
que abrasan y pasan.
Vías oxidadas,
trenes que no llegan;
estaciones de espanto
en olvidadas primaveras;
farolillos de luces apagados,
vapores de otras eras;
andén abandonado
por almas pasajeras.
Nos habla el pasado,
y nos enseña el fantasma;
los ciclos son dados,
el azar sólo ramas,
de un árbol estado
que nos muestra sus canas.
Y nos deja empatados
dos a dos por iguales,
en pantalones y faldas,
en remedios naturales;
vida y muerte en pañales,
sin un Dios que ahora valga.
el rostro de fuego,
en la frente algún ruego,
y la barba escarchada.
Tenía los montes de raso,
los mares de agua,
los ríos huellas de paso,
y los prados de un verde que habla.
Y también nubes,
oscuras y albas;
lluvias alegres,
y tormentas que arrasan.
Sus manos eran volcanes
que escupen fluidos,
y horas desatan;
auroras y ocasos,
victorias, fracasos,
de lavas y lavas;
soles y tiempos,
que abrasan y pasan.
Vías oxidadas,
trenes que no llegan;
estaciones de espanto
en olvidadas primaveras;
farolillos de luces apagados,
vapores de otras eras;
andén abandonado
por almas pasajeras.
Nos habla el pasado,
y nos enseña el fantasma;
los ciclos son dados,
el azar sólo ramas,
de un árbol estado
que nos muestra sus canas.
Y nos deja empatados
dos a dos por iguales,
en pantalones y faldas,
en remedios naturales;
vida y muerte en pañales,
sin un Dios que ahora valga.
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