TRAS UN POEMA FORZADO
Enloqueces con ritmo de maniaco
escribiendo tus versos a trancazos.
A empujones, porrazos, latigazos,
a la fuerza los metes en el saco.
Suspiras al reunirlos en tus brazos
sintiéndote, quizás, hipocondriaco.
Renaces de humor paradisiaco,
¡Te quitaste de encima esos pelmazos!
Ahora puedes volver a tus amores,
tus sonetos de rimas envolventes
deslumbrando al lector con sus fulgores.
La mente despejada, sonrientes
tus ojos se limpiaron de furores.
Los reflejan espejos de las fuentes.
Enloqueces con ritmo de maniaco
escribiendo tus versos a trancazos.
A empujones, porrazos, latigazos,
a la fuerza los metes en el saco.
Suspiras al reunirlos en tus brazos
sintiéndote, quizás, hipocondriaco.
Renaces de humor paradisiaco,
¡Te quitaste de encima esos pelmazos!
Ahora puedes volver a tus amores,
tus sonetos de rimas envolventes
deslumbrando al lector con sus fulgores.
La mente despejada, sonrientes
tus ojos se limpiaron de furores.
Los reflejan espejos de las fuentes.
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