PITEIRA
Poeta que considera el portal su segunda casa
EL VIAJE
En la nave 27 del complejo Lunar-2 retumba el sonido entre los perfiles de metal especial que lo forman, de manera atronadora. Martin gira lentamente en su taburete de trabajo y se dirige a la puerta de salida, dejando tras él la máquina remachadora. Se detiene al llegar a ella y pronuncia su nombre, espera un momento y la puerta se abre automáticamente. Martin franquea la salida, y después de caminar unos minutos a lo largo de un pasillo que parece no tener final, se detiene de nuevo ante otra puerta de seguridad y pide permiso para entrar.
__Se presenta Martin, señor. Deseo me conceda unos minutos.
Se enciende entonces una luz verde, y la puerta se abre dejando el paso libre.
__Adelante Martin, siéntese. ¿Qué se le ofrece, hay algún problema en su trabajo?
__No, señor. El trabajo sigue como esperábamos.
__Bien, entonces Ud. dirá
__Es mi pierna derecha, señor. Parece que se me vaya a paralizar de un momento a otro, y desearía hacerme una revisión antes de que llegue a ser más grave.
__Espere un momento.
El director del complejo hace girar una llave en la parte izquierda de la mesa quedando al descubierto una pequeña pantalla de vídeo, en la que comienzan a aparecer nombres y números, que éste revisa con atención durante un momento. Pasados unos minutos el director dirige de nuevo la mirada hacia Martin.
__No hay problema, tenemos quien ocupe su lugar mañana. Puede Ud. tomar el trasbordador a las diez.
__Gracias, señor.
__¿Puede seguir trabajando hasta entonces?
__Sí, señor. Creo que podré seguir durante el resto de la jornada.
__Bien, puede irse. Y recuerde, el trasbordador le estará esperando a las diez.
A esa hora, Martin se presenta en la pista de despegue del aparato, y saluda al piloto.
__Hola, Kurt. Hacía ya tiempo que no nos veíamos.
__Hola Martin, desde luego que sí. ¿A qué se debe tu viaje?
__Debo hacerme una revisión, mi pierna lleva ya varios días molestándome.
__Espero que no sea nada grave. Ahora instalémonos en la nave y pongámonos en marcha.
__Sí, partamos. Quiero estar de vuelta cuanto antes, he de hacer unas comprobaciones en mi trabajo antes de que finalice la jornada.
El trasbordador despegó con un silbido penetrante y se perdió en la oscuridad del espacio exterior. No pasó mucho tiempo y ya comenzaban a introducirse en la atmósfera de La Tierra. El piloto exteriorizaba su orgullo de buen navegante espacial dirigiendo una sonrisa a Martin.
__Ha sido un viaje espléndido.__ Dijo Martin, dándose cuenta de que Kurt agradecía el comentario.
__Naturalmente amigo, hace años que hago este trayecto sin ningún contratiempo.
__Mira, Kurt, ya se distinguen las formas de las ciudades.
__Sí, dentro de nada estaremos volando sobre las azoteas de los edificios.
__Esperemos que las cosas estén tranquilas por ahí abajo. Mi pierna está bastante resentida y no deseo que surja ningún otro problema.
__Para eso habría que tener mucha suerte, Martin.
__Oh no! Temía que sucediera esto.
__¿Qué ocurre?__Preguntó Kurt, dirigiendo la mirada a la pequeña pantalla que servía de visualizador del exterior de la nave.
Se veía una gran multitud corriendo en todas direcciones, cubriéndose la cabeza con las manos, intentando protegerse de las duras bolas de caucho que volaban por todas partes.
__Realmente increíble, Kurt. No han dejado de pelear desde hace siglos. Lo que no comprendo es por qué cada vez que tenemos un problema mecánico, tenemos que venir aquí a subsanarlo.
__Algún día dispondremos de nuestro propio servicio de reparaciones. De momento hemos de conformarnos con lo que tenemos.
__Pues espero que ese día llegue pronto. Ojalá que la reparación de mi pierna sea rápida, no soporto la idea de permanecer entre gente en son de guerra permanente.
__Parece que los humanos no son capaces de vivir en paz durante mucho tiempo.
__Bueno, la verdad es que tienen fijadas fechas especiales durante el año, dedicadas a la paz
__Sí, Martin, pero más que nada, yo creo que esas fechas solo sirven para descansar un poco y poder seguir peleando con más fuerza el resto del año.
__Estoy de acuerdo, todos esos discursos impregnados de deseos de amor y paz no son otra cosa que una excusa para conseguir una tregua, y recuperar fuerzas.
Por suerte, la reparación de la pierna de Martin no duró demasiado, y no tuvieron que soportar por mucho tiempo la presencia de esos seres deseosos de violencia y que, paradójicamente, eran sus creadores.
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