Charly
Poeta recién llegado
Las hojas se mueven quietas,
casi inmóviles del otoño que comienza.
Las ramas se agitan ante la tarde gris,
y el aire cálido invade mi ser,
prendo un cigarrillo y escribo un desliz
detallo con palabras lo que ven mis ojos,
sentado aquí siendo felíz.
Los perros descansan en el parque,
mientras los pájaros cantan y otros vuelan,
para buscar su sustento o disfrutar de un paseo
por la libertad sin límites de esta Tierra.
También hay autos e insectos,
que conviven yendo y viniendo.
Dos mujeres pasan en bicicleta y miran,
a quien escribe estas palabras
haciendo un poema o una poesía.
El sabor de una pastilla de fresa,
crujiente entre mis dientes,
la deshace y transforman en un placer
para mi lengua que la deleita
hasta sus más recónditas
partículas disueltas.
El sonido de la televisión,
detrás mío, también me afecta,
si o si tengo que nombrarlo,
aunque haya una pared y una ventana
que nos separa de la realidad mundana.
El ruido de las teclas de una computadora,
que escribe otra persona cercana, me hace sentir
que no estoy sólo, y aunque esa persona no estuviera,
se que en soledad yo estoy con el mundo que me rodea.
Pero estar en soledad no es estar sólo,
es acompañarse a uno mismo en un momento,
de tener la sensibilidad de apreciar lo bello,
loco e intenso que es el tiempo, al efecto de suspirar
sin lamentos, mi mente sin recuerdos, tan solo es
disfrutar y percibir este maravilloso momento.
Ya casi termino este poema,
con una mueca de sonrisa en mi boca,
aquella que dicta las palabras del corazón,
el único, el que no se equivoca.
Charly,
22 de Marzo de 2009
casi inmóviles del otoño que comienza.
Las ramas se agitan ante la tarde gris,
y el aire cálido invade mi ser,
prendo un cigarrillo y escribo un desliz
detallo con palabras lo que ven mis ojos,
sentado aquí siendo felíz.
Los perros descansan en el parque,
mientras los pájaros cantan y otros vuelan,
para buscar su sustento o disfrutar de un paseo
por la libertad sin límites de esta Tierra.
También hay autos e insectos,
que conviven yendo y viniendo.
Dos mujeres pasan en bicicleta y miran,
a quien escribe estas palabras
haciendo un poema o una poesía.
El sabor de una pastilla de fresa,
crujiente entre mis dientes,
la deshace y transforman en un placer
para mi lengua que la deleita
hasta sus más recónditas
partículas disueltas.
El sonido de la televisión,
detrás mío, también me afecta,
si o si tengo que nombrarlo,
aunque haya una pared y una ventana
que nos separa de la realidad mundana.
El ruido de las teclas de una computadora,
que escribe otra persona cercana, me hace sentir
que no estoy sólo, y aunque esa persona no estuviera,
se que en soledad yo estoy con el mundo que me rodea.
Pero estar en soledad no es estar sólo,
es acompañarse a uno mismo en un momento,
de tener la sensibilidad de apreciar lo bello,
loco e intenso que es el tiempo, al efecto de suspirar
sin lamentos, mi mente sin recuerdos, tan solo es
disfrutar y percibir este maravilloso momento.
Ya casi termino este poema,
con una mueca de sonrisa en mi boca,
aquella que dicta las palabras del corazón,
el único, el que no se equivoca.
Charly,
22 de Marzo de 2009