Viten
Poeta fiel al portal
Dicen que cuando más tienes, más quieres; pero, ¿cuando no tienes nada? ¿Qué puedes querer si no es nada?
Sin embargo yo no te tengo y aún así te quiero, más y más, siento que lo hago y no tengo nada.
Tú, que ignoras lo que siento, me lanzas las migajas de lo que te resta de cariño, sin siquiera serlo, y yo, hambriento de más, las acepto y me emociono por nada.
¿Cuánto más se puede esperar? Ya debería haber muerto por sobrecargar tanto sentimiento amarillista que sólo consigue confundirme. No eres culpable de todo esto, sin embargo alguien tiene que tener culpa y yo no puedo aceptarlas.
Me das tanto, quiero más; ¡me das tanto de nada! ¡Me das nada! Y yo quiero más. Pero tú parece que no escuchas, necesito ser obvio, necesito decírtelo. ¡Quiero más!
Aún así, aún cuando llegue a la cúspide no alcanzaré a ver el horizonte, pues la duda cegará la vista y demás sentidos. Y al final habré caído, sin abrir los ojos, a una muerte cruda y sin sentido.
Quisiera brindarte mi nombre y escribir en estrellas el tuyo; quizá así descifrarías que todo esto es para ti. Pero, ¿de qué sirve escribir? Nada es lo que parece, y si lo es, ¿por qué no lo desmientes? ¿Por qué todavía permites que siga flagelándome con ideas vanas?
Y aquí estoy, escribiendo a tu nombre, condenándome a tu nombre; pensando en tu nombre, pensando en ti. Y aquí yace mi ser, condenado a quererte, condenado a esperarte, condenado a sufrir. Y aquí reposan mis ideales, condenados a fracasar, condenados a callar; me condeno a ser tuyo y ¡Quiero más!
¿Cómo puedo alejarme de ti si al final eres todo lo que necesito para vivir? Aún vivo de tu recuerdo y aún quiero más de ti. ¿No te da pena esta alma en vela en busca de un nuevo por venir?
Háblame o simplemente calla para siempre. Mejor háblame y lánzame al vacío de tu esencia, ya no quiero más soportar esta impaciencia de mirarte y no poder tener más.
Y sigo escribiendo, lo seguiré haciendo, por siempre a tu nombre; algún día, cuando la vida me sonría, preguntarán por mis ganas de tenerte, por mis ganas de no dejarte ir, por mis ganas de conservarte con vida aunque ya hieda putrefacta la memoria, entonces responderé con tu nombre y le declararé al mundo que te quiero como a nadie y que mía es la memoria, y que mío es el deseo, que nunca estuviste y aunque lo sabías lo ignoraste.
Carcome mi corazón la polilla que sembraste ese día miércoles en la mañana. Soy muy tonto y lo seguiré siendo, en tu nombre, pues quiero más y tú no me lo darás, pero me quedará tu recuerdo, me quedarán tus besos falsos y mis ganas de luchar en vano, y lo más importante, quedará en mi corazón escrito tu nombre; al final, en la autopsia, quizá a su lado estará escrita también la respuesta; quizá alguna vez la mencionaste y no la escuché. Quizá, quizá tan sólo pienso que leerás esto y lo ignorarás. Quizás pido mucho, tengo mucho sin tener nada. Quizá tan sólo un no bastaría para que cortes las vías del tren que me lleva a la muerte. Te quiero, pero es obvio que no puedo tenerte, aunque te tenga en mi memoria, en mis líneas y en mis versos.
Sin embargo yo no te tengo y aún así te quiero, más y más, siento que lo hago y no tengo nada.
Tú, que ignoras lo que siento, me lanzas las migajas de lo que te resta de cariño, sin siquiera serlo, y yo, hambriento de más, las acepto y me emociono por nada.
¿Cuánto más se puede esperar? Ya debería haber muerto por sobrecargar tanto sentimiento amarillista que sólo consigue confundirme. No eres culpable de todo esto, sin embargo alguien tiene que tener culpa y yo no puedo aceptarlas.
Me das tanto, quiero más; ¡me das tanto de nada! ¡Me das nada! Y yo quiero más. Pero tú parece que no escuchas, necesito ser obvio, necesito decírtelo. ¡Quiero más!
Aún así, aún cuando llegue a la cúspide no alcanzaré a ver el horizonte, pues la duda cegará la vista y demás sentidos. Y al final habré caído, sin abrir los ojos, a una muerte cruda y sin sentido.
Quisiera brindarte mi nombre y escribir en estrellas el tuyo; quizá así descifrarías que todo esto es para ti. Pero, ¿de qué sirve escribir? Nada es lo que parece, y si lo es, ¿por qué no lo desmientes? ¿Por qué todavía permites que siga flagelándome con ideas vanas?
Y aquí estoy, escribiendo a tu nombre, condenándome a tu nombre; pensando en tu nombre, pensando en ti. Y aquí yace mi ser, condenado a quererte, condenado a esperarte, condenado a sufrir. Y aquí reposan mis ideales, condenados a fracasar, condenados a callar; me condeno a ser tuyo y ¡Quiero más!
¿Cómo puedo alejarme de ti si al final eres todo lo que necesito para vivir? Aún vivo de tu recuerdo y aún quiero más de ti. ¿No te da pena esta alma en vela en busca de un nuevo por venir?
Háblame o simplemente calla para siempre. Mejor háblame y lánzame al vacío de tu esencia, ya no quiero más soportar esta impaciencia de mirarte y no poder tener más.
Y sigo escribiendo, lo seguiré haciendo, por siempre a tu nombre; algún día, cuando la vida me sonría, preguntarán por mis ganas de tenerte, por mis ganas de no dejarte ir, por mis ganas de conservarte con vida aunque ya hieda putrefacta la memoria, entonces responderé con tu nombre y le declararé al mundo que te quiero como a nadie y que mía es la memoria, y que mío es el deseo, que nunca estuviste y aunque lo sabías lo ignoraste.
Carcome mi corazón la polilla que sembraste ese día miércoles en la mañana. Soy muy tonto y lo seguiré siendo, en tu nombre, pues quiero más y tú no me lo darás, pero me quedará tu recuerdo, me quedarán tus besos falsos y mis ganas de luchar en vano, y lo más importante, quedará en mi corazón escrito tu nombre; al final, en la autopsia, quizá a su lado estará escrita también la respuesta; quizá alguna vez la mencionaste y no la escuché. Quizá, quizá tan sólo pienso que leerás esto y lo ignorarás. Quizás pido mucho, tengo mucho sin tener nada. Quizá tan sólo un no bastaría para que cortes las vías del tren que me lleva a la muerte. Te quiero, pero es obvio que no puedo tenerte, aunque te tenga en mi memoria, en mis líneas y en mis versos.