Sommbras
Poeta adicto al portal
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Escribo, porque tengo su beso a dromedario sobre los recuerdos.
Ella, con su pelo hinchando el vacío y su cuerpo de rosa cansada.
Heme aquí recuerdófago. Tenía un volcán en la boca y bajo la boca un abismo. Hablaba muchas lenguas en su beso. La recuerdo menos de lo que quisiera. Ahora, tendría que encender un cigarrillo para descoser la llama del recuerdo.
Con ella abandoné la costumbre de dejar mi labio en cualquier labio. El amor con ella no eran sombras desordenadas, ni la carne de sus labios, ni el músculo alegre de las sombras, ni los labios de un amor en sombras, porque al besarnos triturábamos el amor y la sombra surgía verde.
Entre el quiero y el puedo rezábamos besos. Estando con ella, advertía la misma sirena que asomaba su cabeza por mis poemas; era ella envuelta en papel de regalo, la risa nos llamaba, en sus ojos se acunaban dos magos pensativos, yo advertía que cuando ellos nos reunían ella inclinaba su alma, y ella mujer, ya sabía que yo la sabía. Recuerdo la noche de los truenos cuando le quité la perla del labio, ella abrió sus piernas y mi cuerpo comió lo que emergió de una sombra, tarta de chocolate me pareció.
Abrazos y caricias nos acompañaron, fuimos dos extranjeros separados por ningún centímetro, y algo de ese amor que nos rozaba, algo de todo él, era mío, era hacia mí mismo. Acontecía que me masturbaba hacia dentro cuando la besaba las piernas las palabras la mirada, entonces yo la besaba hasta que dejaba de alumbrar, y yo insistía hasta que ella me requería más, hasta que el sol se colocaba un traje oscuro en su piel oscura, entonces ella brillaba.
Nuestro amor no fue su piel ni sus manos ni su guitarra ni cómo por la noche la esperaba yo, simplemente fue toda la lluvia que salió de su corazón. Sobre la memoria resbala un relámpago, sucedió el día cual café se quedó mi pensamiento. Porque otro día de lluvia, recuerdo, mil días después de descifrar los rostros de mis soldaditos de plomo, ese día hubo un llanto que se lo llevó todo, hasta el café que la esperó.
Desde esa noche sólo me quedó nadar y nadar por esta piel de su arena inundada. Algunas noches, esta noche, yo la recuerdo, me apeno, levanto mi vista al cielo y digo: Perdóname Señor por esta alegría, mientras la piedad de un rayo de luna me ilumina en verde el corazón.
Chus
*Recuerdófago: Persona que vive de sus recuerdos. Término inventado.
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Escribo, porque tengo su beso a dromedario sobre los recuerdos.
Ella, con su pelo hinchando el vacío y su cuerpo de rosa cansada.
Heme aquí recuerdófago. Tenía un volcán en la boca y bajo la boca un abismo. Hablaba muchas lenguas en su beso. La recuerdo menos de lo que quisiera. Ahora, tendría que encender un cigarrillo para descoser la llama del recuerdo.
Con ella abandoné la costumbre de dejar mi labio en cualquier labio. El amor con ella no eran sombras desordenadas, ni la carne de sus labios, ni el músculo alegre de las sombras, ni los labios de un amor en sombras, porque al besarnos triturábamos el amor y la sombra surgía verde.
Entre el quiero y el puedo rezábamos besos. Estando con ella, advertía la misma sirena que asomaba su cabeza por mis poemas; era ella envuelta en papel de regalo, la risa nos llamaba, en sus ojos se acunaban dos magos pensativos, yo advertía que cuando ellos nos reunían ella inclinaba su alma, y ella mujer, ya sabía que yo la sabía. Recuerdo la noche de los truenos cuando le quité la perla del labio, ella abrió sus piernas y mi cuerpo comió lo que emergió de una sombra, tarta de chocolate me pareció.
Abrazos y caricias nos acompañaron, fuimos dos extranjeros separados por ningún centímetro, y algo de ese amor que nos rozaba, algo de todo él, era mío, era hacia mí mismo. Acontecía que me masturbaba hacia dentro cuando la besaba las piernas las palabras la mirada, entonces yo la besaba hasta que dejaba de alumbrar, y yo insistía hasta que ella me requería más, hasta que el sol se colocaba un traje oscuro en su piel oscura, entonces ella brillaba.
Nuestro amor no fue su piel ni sus manos ni su guitarra ni cómo por la noche la esperaba yo, simplemente fue toda la lluvia que salió de su corazón. Sobre la memoria resbala un relámpago, sucedió el día cual café se quedó mi pensamiento. Porque otro día de lluvia, recuerdo, mil días después de descifrar los rostros de mis soldaditos de plomo, ese día hubo un llanto que se lo llevó todo, hasta el café que la esperó.
Desde esa noche sólo me quedó nadar y nadar por esta piel de su arena inundada. Algunas noches, esta noche, yo la recuerdo, me apeno, levanto mi vista al cielo y digo: Perdóname Señor por esta alegría, mientras la piedad de un rayo de luna me ilumina en verde el corazón.
Chus
*Recuerdófago: Persona que vive de sus recuerdos. Término inventado.
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