Isabel Miranda de Robles
Poeta que considera el portal su segunda casa
Sobre las candentes arenas
de la feliz playa de un ayer
de hace trescientos sesenta y cinco días
se echo a andar
la pasión tuya y mía,
y vive en un beso
que se deben nuestros labios todavía...
Los senderos del alma
no necesitan nombres
a ella se llega
por las orillas del mar,
siguiendo a las golondrinas.
Los suenos:
viajeros eternos,
se detienen en las posadas
bajo las estrellas,
a beber un poco de poesía
para calmar su sed de vida...
Si en algún cruce de vías
te aborda el miedo,
no le hagas caso,
desoye sus mentiras,
lee un poco en el libro de la esperanza
y sigue tu camino
que yo voy a tu encuentro
caminando sobre la hierba: descalza
para no hacer ruido
y que nadie me escuche
cuando al fin llegue a tocar
a la puertas de tu destino...
ISABEL
de la feliz playa de un ayer
de hace trescientos sesenta y cinco días
se echo a andar
la pasión tuya y mía,
y vive en un beso
que se deben nuestros labios todavía...
Los senderos del alma
no necesitan nombres
a ella se llega
por las orillas del mar,
siguiendo a las golondrinas.
Los suenos:
viajeros eternos,
se detienen en las posadas
bajo las estrellas,
a beber un poco de poesía
para calmar su sed de vida...
Si en algún cruce de vías
te aborda el miedo,
no le hagas caso,
desoye sus mentiras,
lee un poco en el libro de la esperanza
y sigue tu camino
que yo voy a tu encuentro
caminando sobre la hierba: descalza
para no hacer ruido
y que nadie me escuche
cuando al fin llegue a tocar
a la puertas de tu destino...
ISABEL
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