café en chernobyl
Poeta recién llegado
Me da igual. La buena poesía
no existe, ella voló hacia una supernova
en forma de clítoris, un flete de
una noche de uñas pintadas y Jack Daniels.
Un amor escrito con o y bebido con
rojos.
Como la licra y la eslora del drakar,
como el loto en genuflexión ante la belleza
de la tarde.
Vespertina en una lata, bebe cerveza
hasta que acabes con una epiglotis de grasa
como los senos negros de
una sibilina del mercado mayorista.
Me da igual. La cultura es para
los ricos. El placer es para los ladrones
de alma, como Magritte.
Me gustan sus ojos de viento continental,
sus pestañas de arañas recién levantadas,
su lavabo de porcelana barata.
Ahí uno se bautiza, uno corta lacrimosas,
uno sopla como el oleaje al coral.
Zum. Zum. Zum.
Me da igual. No existe la vida sin
el camino de Swann, títeres bailarines
de mala salsa rezan un padre
nuestro en el bulín.
Vamos a tirar. De proa y de can,
mañana un te deum
y una panza de bicéfalos. Un billete de bus.
Me voy. No le da igual.
La responsabilidad de uno se palia
con la obligación que establece
el horror del mundo.
Me da igual. Enrolo la hierba
bajo la copa de ese sicomoro dulce
por la brizna del aliento de los cerezos.
Mi visión como un lente corto,
un francotirador en mi pupila y una
ruleta de puros verdes,
me hace reposar en ese gran colchón,
que es la nube de mi meditación.
Me da igual.
Sé tocar la guitarra como un elfo
que perdió su tesoro en
un absurdo Simón dice y desvístanse.
Sé llegar, como la sangre a las
venas, al corazón de la gárgola,
Ella mira. Ella te mira. Ella trasmigró
en una Atalaya atrás de la colina.
no existe, ella voló hacia una supernova
en forma de clítoris, un flete de
una noche de uñas pintadas y Jack Daniels.
Un amor escrito con o y bebido con
rojos.
Como la licra y la eslora del drakar,
como el loto en genuflexión ante la belleza
de la tarde.
Vespertina en una lata, bebe cerveza
hasta que acabes con una epiglotis de grasa
como los senos negros de
una sibilina del mercado mayorista.
Me da igual. La cultura es para
los ricos. El placer es para los ladrones
de alma, como Magritte.
Me gustan sus ojos de viento continental,
sus pestañas de arañas recién levantadas,
su lavabo de porcelana barata.
Ahí uno se bautiza, uno corta lacrimosas,
uno sopla como el oleaje al coral.
Zum. Zum. Zum.
Me da igual. No existe la vida sin
el camino de Swann, títeres bailarines
de mala salsa rezan un padre
nuestro en el bulín.
Vamos a tirar. De proa y de can,
mañana un te deum
y una panza de bicéfalos. Un billete de bus.
Me voy. No le da igual.
La responsabilidad de uno se palia
con la obligación que establece
el horror del mundo.
Me da igual. Enrolo la hierba
bajo la copa de ese sicomoro dulce
por la brizna del aliento de los cerezos.
Mi visión como un lente corto,
un francotirador en mi pupila y una
ruleta de puros verdes,
me hace reposar en ese gran colchón,
que es la nube de mi meditación.
Me da igual.
Sé tocar la guitarra como un elfo
que perdió su tesoro en
un absurdo Simón dice y desvístanse.
Sé llegar, como la sangre a las
venas, al corazón de la gárgola,
Ella mira. Ella te mira. Ella trasmigró
en una Atalaya atrás de la colina.