Eduardo Morguenstern
Poeta que considera el portal su segunda casa
Mis amores no se duermen, niña,
velan todas las horas
tensas, acechadoras,
como velan las aves de rapiña
que vigilan en la silente noche
si se descuida su presa,
sin desviar su cabeza
y los ojos fijos como dos broches.
Mis amores, mi niña, no descansan
y te aman todo el día
con tal idolatría,
en un tono permanente y sin pausas,
como adoran los ángeles en el cielo
a Dios en todo momento,
así, en mi firmamento
te adoro yo a tí, mi dulce desvelo...
Y te envuelve mi amor en mis cantos
atrayéndote a mí
y cumpliéndose así,
mis anhelos más hondos y santos ...
EDUARDO MORGUENSTERN
velan todas las horas
tensas, acechadoras,
como velan las aves de rapiña
que vigilan en la silente noche
si se descuida su presa,
sin desviar su cabeza
y los ojos fijos como dos broches.
Mis amores, mi niña, no descansan
y te aman todo el día
con tal idolatría,
en un tono permanente y sin pausas,
como adoran los ángeles en el cielo
a Dios en todo momento,
así, en mi firmamento
te adoro yo a tí, mi dulce desvelo...
Y te envuelve mi amor en mis cantos
atrayéndote a mí
y cumpliéndose así,
mis anhelos más hondos y santos ...
EDUARDO MORGUENSTERN