Luis Fernando Tejada
Poeta reconocido
Volver a casa cansado del camino,
el paisaje se destruye y en el aire
un silencio solemne se mantiene,
un sueño perdido en la distancia.
A mi izquierda el campo santo
reúne a los cuerpos,
cada uno en su estrecha tumba,
su desgracia es mi dolor,
allí en la muerte eterna.
Qué oscuridad los vastos reinos,
sólo la noche y el silencio,
bóvedas bajas, niebla,
barro y humedad acariciando el moho,
horror sin límites
Entre los cráneos y los ataúdes,
epitafios y gusanos,
donde los himnos son plegarias,
es la ilusión oscura de un sueño,
en medio del silencio
sagrado de la tumba,
comprenden que no despertarán
de su nueva cama.
el paisaje se destruye y en el aire
un silencio solemne se mantiene,
un sueño perdido en la distancia.
A mi izquierda el campo santo
reúne a los cuerpos,
cada uno en su estrecha tumba,
su desgracia es mi dolor,
allí en la muerte eterna.
Qué oscuridad los vastos reinos,
sólo la noche y el silencio,
bóvedas bajas, niebla,
barro y humedad acariciando el moho,
horror sin límites
Entre los cráneos y los ataúdes,
epitafios y gusanos,
donde los himnos son plegarias,
es la ilusión oscura de un sueño,
en medio del silencio
sagrado de la tumba,
comprenden que no despertarán
de su nueva cama.
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