Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
Buenas para recordarte.
Que tarde tan buena para recordarte tiritando
al salir de la regadera rumbo al lecho;
tal vez húmedo de nervios,
de ganas o tal vez porque sabías
que tu frío atrasado en mis brazos por fin se disiparía,
que tarde tan buena para recordar tus ojos de
lince que todo lo miraban,
las resbaladillas del cielo de tus cejas,
las narinas centro de tu rostro que movías como conejo en celo,
tus huesos recubiertos de tu delgadez extrema y
tu piel de leche y
tu ensortijado pelo que se escurría por los hombros
cual dorada lluvia derramada miel de avispero,
y tus brazos en cruz sobre el pecho y tus
labios rojos brillante curvos de navajas,
tu vientre, tu vientre con la sola macula recuerdo
del original pecado que se convirtió en la profunda cueva
donde te escondí el beso que como punto y promesa
cerraba el verso que te declamé lamiendo los vellos de tu nuca,
¡ah! y tu sexo, tu sexo al que le urgía la caricia de mi sexo y
que hartó tus ganas, todos los mañanas, a tu cuerpo y su desliz,
pero no las ganas de querer de nuevo morderte la manzana
en buenas tardes frías, buenas para recordarte.
Gayo. 29.10.10 en una, brrr, fría tarde sumamente mezcalera de limón y sal de gusano, recordando cuando reptando sobre sabanas de seda, sumé dos cuerpos y el resultado fue uno solo. na ña ñaaa
y de pilon les dejo una joya de JAIME SABINES por motivo de el proximo día de muertos...
¡Qué costumbre tan salvaje esta de enterrar a los muertos! ¡de
matarlos, de aniquilarlos, de borrarlos de la tierra! Es tratarlos
alevosamente, es negarles la posibilidad de revivir.
Yo siempre estoy esperando que los muertos se levanten, que
rompan el ataúd y digan alegremente: ¿por qué lloras?
Por eso me sobrecoge el entierro. Aseguran las tapas de la caja, la
introducen, le ponen lajas encima, y luego tierra, tras, tras, tras,
paletada tras paletada, terrones, polvo, piedras, apisonando,
amacizando, ahí te quedas, de aquí ya no sales.
Me dan risa, luego, las coronas, las flores, el llanto, los besos
derramados. Es una burla: ¿para qué lo enterraron?, ¿por qué no lo
dejaron fuera hasta secarse, hasta que nos hablaran sus huesos de
su muerte? ¿O por qué no quemarlo, o darlo a los animales, o
tirarlo a un río?
Habría de tener una casa de reposo para los muertos, ventilada,
limpia, con música y con agua corriente. Lo menos dos o tres, cada
día, se levantarían a vivir.
.
Que tarde tan buena para recordarte tiritando
al salir de la regadera rumbo al lecho;
tal vez húmedo de nervios,
de ganas o tal vez porque sabías
que tu frío atrasado en mis brazos por fin se disiparía,
que tarde tan buena para recordar tus ojos de
lince que todo lo miraban,
las resbaladillas del cielo de tus cejas,
las narinas centro de tu rostro que movías como conejo en celo,
tus huesos recubiertos de tu delgadez extrema y
tu piel de leche y
tu ensortijado pelo que se escurría por los hombros
cual dorada lluvia derramada miel de avispero,
y tus brazos en cruz sobre el pecho y tus
labios rojos brillante curvos de navajas,
tu vientre, tu vientre con la sola macula recuerdo
del original pecado que se convirtió en la profunda cueva
donde te escondí el beso que como punto y promesa
cerraba el verso que te declamé lamiendo los vellos de tu nuca,
¡ah! y tu sexo, tu sexo al que le urgía la caricia de mi sexo y
que hartó tus ganas, todos los mañanas, a tu cuerpo y su desliz,
pero no las ganas de querer de nuevo morderte la manzana
en buenas tardes frías, buenas para recordarte.
Gayo. 29.10.10 en una, brrr, fría tarde sumamente mezcalera de limón y sal de gusano, recordando cuando reptando sobre sabanas de seda, sumé dos cuerpos y el resultado fue uno solo. na ña ñaaa
y de pilon les dejo una joya de JAIME SABINES por motivo de el proximo día de muertos...
¡Qué costumbre tan salvaje esta de enterrar a los muertos! ¡de
matarlos, de aniquilarlos, de borrarlos de la tierra! Es tratarlos
alevosamente, es negarles la posibilidad de revivir.
Yo siempre estoy esperando que los muertos se levanten, que
rompan el ataúd y digan alegremente: ¿por qué lloras?
Por eso me sobrecoge el entierro. Aseguran las tapas de la caja, la
introducen, le ponen lajas encima, y luego tierra, tras, tras, tras,
paletada tras paletada, terrones, polvo, piedras, apisonando,
amacizando, ahí te quedas, de aquí ya no sales.
Me dan risa, luego, las coronas, las flores, el llanto, los besos
derramados. Es una burla: ¿para qué lo enterraron?, ¿por qué no lo
dejaron fuera hasta secarse, hasta que nos hablaran sus huesos de
su muerte? ¿O por qué no quemarlo, o darlo a los animales, o
tirarlo a un río?
Habría de tener una casa de reposo para los muertos, ventilada,
limpia, con música y con agua corriente. Lo menos dos o tres, cada
día, se levantarían a vivir.
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