Quinto Brena
Poeta adicto al portal
En el prohibido rincón de tus ojos que interrogan,
emergen mis inquietudes.
Se inflama juvenil tu llama que trasciende.
Se aísla para mí, se describe con esmero.
Me invita a escalar el arte de tu idioma.
Me sobrecoge tu fuego muscular,
escrito sobre mis noches como una frase citada.
Así me paso las horas.
Estudiando la telúrica semántica de tu mirada,
bebiendo la literatura de tus labios,
aprendiendo la escultura de tus hombros,
la textura de tu cuello;
tentando la discreción de tus pies.
Tus manos indagan mi rostro.
Escribes una carta sobre mi frente.
Expones tus argumentos.
Pronuncias tus discursos.
Me duermo entre tus brazos para luego despertar.
Te sientas junto a mí, descrita en razones abstractas;
tu lenguaje es un enigma,
y como un misterio tu idioma.
Eres moderna y antigua,
como una asamblea de historias;
tan interminable como el tiempo,
tan amplia como el océano,
tan profunda como el pensamiento.
Yo te aprendo.
Te estudio como a las páginas,
de un libro abierto.
Aprendo a quererte, poco a poco, abandonado a tu suerte.
Descifro en un destello, el uso de tu virtud.
Ya solo queda un misterio:
El misterio eres tú.
emergen mis inquietudes.
Se inflama juvenil tu llama que trasciende.
Se aísla para mí, se describe con esmero.
Me invita a escalar el arte de tu idioma.
Me sobrecoge tu fuego muscular,
escrito sobre mis noches como una frase citada.
Así me paso las horas.
Estudiando la telúrica semántica de tu mirada,
bebiendo la literatura de tus labios,
aprendiendo la escultura de tus hombros,
la textura de tu cuello;
tentando la discreción de tus pies.
Tus manos indagan mi rostro.
Escribes una carta sobre mi frente.
Expones tus argumentos.
Pronuncias tus discursos.
Me duermo entre tus brazos para luego despertar.
Te sientas junto a mí, descrita en razones abstractas;
tu lenguaje es un enigma,
y como un misterio tu idioma.
Eres moderna y antigua,
como una asamblea de historias;
tan interminable como el tiempo,
tan amplia como el océano,
tan profunda como el pensamiento.
Yo te aprendo.
Te estudio como a las páginas,
de un libro abierto.
Aprendo a quererte, poco a poco, abandonado a tu suerte.
Descifro en un destello, el uso de tu virtud.
Ya solo queda un misterio:
El misterio eres tú.