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Los ojos azules y el cisne nÚmero veinticinco

el pez bizco

Poeta recién llegado
Me dejaste solo. Te fuiste a vivir con los cisnes. Creí que nunca sucedería, que la vida a tu lado era infinita, pero no. Una mañana me desperté y, tú…, tú ya no estabas.

“Despierta Emilia, ¡vamos!, que son las ocho”. “Que raro que esta mujer se haya quedado dormida”. “¡Vamos Emi, mujer!, ¡qué hay que echar de comer a los cisnes!”. Las canas te caían sobre el rostro. Tu boca permanecía cerrada, sin un bostezo, sin un atisbo de vida. Me incorporé y te zarandee levemente. Fue entonces cuando me percaté. Al apartarte el pelo de la cara advertí que uno de tus ojos estaba abierto. La luz dejó de entrar en nuestro cuarto. “Despierta, Emi, mujer. No me hagas esto”.
Mis lágrimas rodaron por tus mejillas. Levanté tu otro párpado y te obligué a mirarme. “No hagas el idiota, Emi, ¡¡me estás oyendo!!, ¡¡no hagas el idiota!!”.

Fueron esos ojos los que hace más de medio siglo me pidieron el primer beso. Cómo voy a olvidar aquella noche. Tu hermano me mataba con la mirada mientras yo te hacía dar vueltas en la plaza al compás de un pasodoble. Flotabas junto a las banderitas de España y Portugal; de Francia y de Alemania; y aquella blanca y amarilla… . Fueron tus ojos, profundos y azules como zafiros, los que me señalaron tu vientre, y me dijeron que Roberto estaba en camino. Te acuerdas, Emilia, lloramos de felicidad y nos comimos a besos. Tus ojos…. Con una sola mirada sabían transportarme al cielo ¿Por qué tuvieron que ser ellos los mensajeros? Recordé una ultima vez antes de cerrarlos.Te di un beso y me dejé caer en la cama.
Estabas preciosa, esta muerte te había sentado mejor a ti que a mí.

“Los cisnes están cantando, los oigo por la ventana, Emi, tienen hambre, te reclaman. Veinticuatro cisnes blancos, te van a echar de menos. Y yo, ¿qué voy ha hacer sin ti, sin tus consejos, sin tu cariño. Siempre vas un paso por delante. ¡Coño, Emi, hasta para morirte tienes que ser la primera!”.

La claridad se iba restableciendo y me di cuenta que todo en la habitación era blanco: las sábanas, tu pelo, el camisón, la pintura de las paredes, el rosario que colgaba del cabecero de la cama. Abrí la ventana y el campo entro en nuestro cuarto cargado de aroma y de sonidos. Me asomé y observé el cielo azul y limpio de Castilla recostarse sobre los campos sembrados de trigo en la línea del horizonte.

“Este año Mayo no Marcea, Emilia”

Una leve brisa se coló por la ventana . Arrebató una estampita que había en la mesilla de noche, una de esas Vírgenes que tú profesas, y se la llevó en volandas para que cayese en la charca de los cisnes. Los animales se pusieron nerviosos, agitaban las alas y se picoteaban unos a otros. Las gotas de lodo comenzaron a cubrir sus plumas y temí que fueran ha hacerse daño. Por un instante, me olvidé de ti. Salí corriendo escaleras abajo.
Me invadió una sensación extraña. A mis setenta y dos años, los peldaños corrían bajo mis pies como cuando los bajaba de tres en tres para ir a la escuela, no había ni rastro de artrosis, ni de fatiga. Llegué a la charca en cuestión de segundos y, aún así, los cisnes ya no estaban.
En el cielo, una fila de pájaros volando en formación, se dirigían hacia el norte. Eran nuestros cisnes. Para asegurarme los conté: “uno, dos, tres,…..veintidós, veintitrés, veinticuatro,… ¡veinticinco!, ¡no puede ser!”.Conté de nuevo, conté hasta tres veces más, veinticinco cisnes:
- “¡Emilia!”, “¡¡¡EMIIIILIAAAA!!!”.

Entonces lo escuché:
-No te enteras de nada, Nicolás, deja de vocear –el miedo se apoderó de mi.
-¿Emilia? –tu nombre fue susurro entre mis labios.

Llegaste de nuevo, clara como aquel día de primavera:
-El cisne número veinticinco eres tú. Regresa a la ventana del cuarto, Nico.

No se como describir lo que sentí, Emi. Ver mi propio cadáver derrumbado a los pies de la cama. Iba a preguntarte que era lo que debía de hacer, pero no hacia falta, por una vez lo sabía.

Batí las alas y volé con las otras aves durante más de diez horas. Al atardecer, cuando la estrella derrotada buscaba su cobijo, tus ojos se dibujaron sobre ella. Mis compañeros abrieron la formación y me dejaron sólo ante ti.

-Esto es la eternidad Emilia.
-Esto es el amor Nicolás.
-Para mi el amor sólo eres tú.
-Siempre has sido simple, Nico, que suerte he tenido de tenerte.
-Y yo a ti, Emilia, y yo a ti.
 
Última edición:
Te faltó decir que divisaste a Lucía, tu perra, en la charca. por lo demás magistral " te sienta mejor la muerte a ti que ami" es sólo un ejemplo de tu fantástica manera de narrar. Un placer amigo. en serio muy buen escrito. Saludos.***************+
 
bueno, bueno, OJOS AZULES. El azul es un color de espiritualidad. CISNES: El PARAMAHAMSA o MAHATMA es una grna alma ya llegada al a COMPRENSIÓN DEL SER DIVINO. 24: LOS 24 ANCIANOS, es decir, el punto, la recta y los 22 polígonos inscritos en el círculo. 25 = 5 al cuadrado: el ser humano en el plano celeste. TE FELICITO, te estrello, te reputo y te convido a leer RIMAS DE AMOR. Su enlace es: http://www.mundopoesia.com/foros/poemas-generales/312760-rimas-de-amor.html
 
Veo que mis escritos también activan la cábala en tu cerebro,...bueno, tal vez, a ti no se te desactiva nuca.

Shiai.
 

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