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Tu llegada

Jose Dominguez

Poeta asiduo al portal
Te sentiré llegar como brisa tibia de verano: cálida, silente y luminosa.
Como eterno solsticio de verano te adentrarás en los espacios para llenar de luz mi bóveda gentil.


Las hojas de mi jardín, las cortinas de mi ventana, la cola
de mi perro y hasta la misma brisa me acercará tus aromas de miel, ¡Reconociéndote!

... No tendrás que decir que eres tú; tímidamente tus desnudos
pasos se abrigarán de mí. Mis sentidos recorrerán las horas muertas, de lamentos y sueños inconclusos; de vigilias, de cansancio, de espera y de oración...
¿Llegarás con la brisa del Verano o entrada la Primavera?
¿O quizás con el frío otoñal y sus marrones vestigios sin vida?

¿Llegarás acaso con el gris aguacero de Invierno para encontrarme contando gotas escurriendo en mi ventana, como he contado todas y tantas horas de espera?

Llegarás para mi Primavera, ajena a las estaciones de
nuestro tiempo: del frío, de las brisas cansinas, de los grises aguaceros, de las hojas muertas; hojas que inútilmente recorrieron mis veredas al encuentro de tus mudos pasos.
Llegarás a mi tiempo de colores, como el agua fresca a calmar mi sed, como el sol a dorar mi piel; como elixir a curar mi insomnio de tantos sueños que no pude dormir esperando tu regreso.

Me hallarás húmedo de ayer, sonámbulo,
taciturno, agobiado y cansado de respirar amaneceres sin el aliento de tu voz. Mis rasgos se habrán quedado en mi piel desprovistos de tersura, como un suelo arañado de sequías, y mis cabellos se habrán poblado de recuerdos y dolores blanquecinos.
Mis lágrimas, que formaron mares de dolor para ahogar el desconsuelo, se habrán secado para
dejar lo que encontrarás de mí.

Me encontraras silente, mudo de sueño, ciego de pasión, agónico; inerte, como aquella tarde de ayer en que bajo las sombras de cemento, te robaba un beso vital para revivir nuestros errantes y solitarios corazones.

Has vuelto, ¡es cierto!...,
y vienes a llenar de vida la ilusión, de colores mi jardín y de nidos mi balcón.

Cuánto te esperé detrás de mi portal ¡Oh! luz del medio día; como mis veredas, como las cortinas de mi ventana, las flores de mi jardín, la cola de mi perro y hasta la misma brisa que me trae hoy la miel de tus aromas...

¡Cuánto te esperé!


Has llegado..., ¡es cierto!..., y me encuentro inerte, agónico quizás... pero feliz de completar mis sueños, de calmar mi sed y de estrechar tus manos otra vez.


JDz.
 
Última edición:
Sólo puedo agradecer tu delicadeza.

Estas son las luces del alma que se escurren entre las ideas y el teclado...

Gracias otra vez.
 
Tu llegada

Te sentiré llegar como brisa tibia de verano: cálida, silente y luminosa… como eterno solsticio de verano, te adentrarás en los espacios para llenar de luz mi bóveda gentil.

…Las hojas de mi jardín, las cortinas de mi ventana, la cola de mi perro y hasta la misma brisa me acercará tus aromas de miel…reconociéndote…No tendrás que decir que eres tú; tímidamente tus desnudos pasos se abrigarán de mí. Mis sentidos recorrerán las horas muertas, de lamentos y sueños inconclusos; de vigilias, de cansancio, de espera y de oración...

¿Llegarás con la brisa del verano o entrada la Primavera? o

¿Quizás con el frío otoñal y sus marrones vestigios sin vida?

¿Llegarás acaso con el gris aguacero de Invierno para encontrarme contando gotas escurriendo en mi ventana, como he contado todas y tantas horas de espera?

Llegarás para mi Primavera, ajena a las estaciones de nuestro tiempo: del frío, de las brisas cansinas, de los grises aguaceros, de las hojas muertas,…hojas que inútilmente recorrieron mis veredas al encuentro de tus mudos pasos.

Llegarás a mi tiempo de colores, como el agua fresca a calmar mi sed, como el sol a dorar mi piel, como elixir a curar mi insomnio de tantos sueños que no pude dormir esperando tu regreso.

Me hallarás húmedo de ayer, sonámbulo, taciturno, agobiado y cansado de respirar amaneceres sin el aliento de tu voz. Mis rasgos se habrán quedado en mi piel desprovistos de tersura, como un suelo arañado de sequías, y mis cabellos se habrán poblado de recuerdos y dolores blanquecinos. Mis lágrimas, que formaron mares de dolor para ahogar el desconsuelo, se habrán secado para dejar lo que encontrarás de mí.

Me encontraras silente, mudo de sueño, ciego de pasión, agónico; inerte, como aquella tarde de ayer, en que bajo las sombras de cemento te robaba un beso vital para revivir nuestros errantes y solitarios corazones.

Has vuelto…es cierto, y vienes a llenar de vida la ilusión, de colores mi jardín y de nidos mi balcón. ¿Cuánto te esperé detrás de mi portal?…Oh! luz del medio día…como mis veredas, como las cortinas de mi ventana, las flores de mi jardín, la cola de mi perro y hasta la misma brisa que me trae hoy la miel de tus aromas… ¿¡Cuánto te esperé!?

Has llegado, es cierto, y me encontrarás inerte, agónico quizás, pero feliz de completar mis sueños, de calmar mi sed, de dorar mi piel y de estrechar tus manos otra vez.


Admiro tu forma de escribir y el mensaje que transmites! Tomaré ésta carta, la leeré felizmente, mientras espero que esa persona (quien quiera que sea) llegue a iluminar mis sentidos.. Gracias por dibujar una sonrisa en mi rostro (:
 
Agradezco tus palabras y en especial que mi humilde escritura haya motivado también la dulce espera... luz de los sentidos, fuente inagotable de inspiración.

Saludos
 

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