armak de odelot
Poeta asiduo al portal
¡Ay, si una bola de cristal tuviera
para saber donde el destino nos conduce
en estos tiempos tan extraños!
Donde parece que todo se ha vuelto del revés
y hablar casi suena a palabra vacía, sin contenido alguno.
Donde nadie escucha, porque solo se ansía.
Y el obcecada ansia tan solo oye
cantos de sirena que prometen
materializar en el acto los sueños,
aún a costa de pervertir toda nuestra realidad.
Estamos en el siglo de las comunicaciones,
más solos y perdidos que nunca,
al arbitrio de un azar que nos ize por encima de nuestras miserias
buscando en el éxito
la redención que borre la huella de nuestros pecados.
Si una bola de cristal tuviera
me arrancaría los ojos por no ver
donde acaba el camino que hemos tomado.
Mientras tanto, gracias a Dios, me conformo
con mirar en el cristal de tus ojos
e intento adivinar, niña, lo que estás pensando.
para saber donde el destino nos conduce
en estos tiempos tan extraños!
Donde parece que todo se ha vuelto del revés
y hablar casi suena a palabra vacía, sin contenido alguno.
Donde nadie escucha, porque solo se ansía.
Y el obcecada ansia tan solo oye
cantos de sirena que prometen
materializar en el acto los sueños,
aún a costa de pervertir toda nuestra realidad.
Estamos en el siglo de las comunicaciones,
más solos y perdidos que nunca,
al arbitrio de un azar que nos ize por encima de nuestras miserias
buscando en el éxito
la redención que borre la huella de nuestros pecados.
Si una bola de cristal tuviera
me arrancaría los ojos por no ver
donde acaba el camino que hemos tomado.
Mientras tanto, gracias a Dios, me conformo
con mirar en el cristal de tus ojos
e intento adivinar, niña, lo que estás pensando.
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