Raúl Rouco
Poeta que considera el portal su segunda casa
Entre las largas veredas
de un camino solitario,
mis pasos lentos me llevan
hacia mi propio calvario,
pisando el suelo de piedras
miro curioso a los lados
para distraer mis penas,
para ahuyentar mis fracasos,
hago frente a mi pereza
para seguir caminando,
y cuando la noche llega
me paro y sigo pensando,
miro al cielo, las estrellas,
la blanca luna y los astros,
y siempre con mi alma llena
de aquel amor ya acabado,
cuando de tanta belleza
termino pues embriagado,
entonces yo me doy cuenta
que, mi presente y pasado,
aquel amor aún conservan,
aunque sólo sea un retazo;
descanso hasta que amanezca
para continuar mis pasos,
siempre en las mismas veredas,
sin importarme el cansancio,
pues de mi lucha me quedan,
con el paso de los años,
recuerdos que se conservan
del tiempo en que nos amamos…
de un camino solitario,
mis pasos lentos me llevan
hacia mi propio calvario,
pisando el suelo de piedras
miro curioso a los lados
para distraer mis penas,
para ahuyentar mis fracasos,
hago frente a mi pereza
para seguir caminando,
y cuando la noche llega
me paro y sigo pensando,
miro al cielo, las estrellas,
la blanca luna y los astros,
y siempre con mi alma llena
de aquel amor ya acabado,
cuando de tanta belleza
termino pues embriagado,
entonces yo me doy cuenta
que, mi presente y pasado,
aquel amor aún conservan,
aunque sólo sea un retazo;
descanso hasta que amanezca
para continuar mis pasos,
siempre en las mismas veredas,
sin importarme el cansancio,
pues de mi lucha me quedan,
con el paso de los años,
recuerdos que se conservan
del tiempo en que nos amamos…
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