Víctor Ugaz Bermejo
refugio felino
De aquel día recuerdo la conversación
que siempre se hace grata y amable;
una dama refinada de atracción
que charla historias con acento adorable.
Ella me permitía oír su voz tierna
y la alegría de Martín, que revolotea
en la misma sala, como grillo a la linterna;
un niño ángel que juega y colorea.
Me lo presentas y fue su alegría
llamándome de repente tío;
una dulce vocecita feliz lo repetía
viviendo ese instante en un jolgorio.
La noche de ese mismo día, no logre dormir
sé que estuve despierto, no es que uno o tal,
no tenía nada que definir
esa noche sé que cruce el umbral.
Mi habitación de repente quedaba de tu sala, a dos dedos
una Olivetti, perfumada en baladas, en la misma mesa
retratos enmarcados en recuerdos
adornos selectos de porcelana Japonesa.
La mecedora inmóvil cubierta de tul
detiene el tiempo junto a una lámpara de pie;
los candelabros sin encender agonizan sin luz
y la fragancia tenue sigue siendo fiel.
Hay un libro de tus versos
empastado en detalle
narra todos los progresos
de tu alma, Elisalle.
Cuando desde el silencio
en conquista lo grita,
pueblas el espacio
admirada poetisa Margarita.
Aparece el niño, es Martín, el niño poeta
lo dice su mirada tierna y su elocuencia;
los trazos de su mano inquieta.
Es el heredero de tu gran herencia.
Un homenaje más allá del mismo cariño y admiración que siento por la poetisa del bello sur, como la llamo por respeto a su magna pluma.
Es una experiencia que viví después de una cordial conversación y de conocer a Martín, el niño ángel, el niño poeta.
__________________________ Víctor Andrés Ugaz Bermejo.
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