Luis Fernando Tejada
Poeta reconocido
Ruidos de obuses,
paredes de blanco cansancio,
la arena del desierto
azota sin tregua los
valles candentes.
Tierra bullente
en la cual se levanta
en las tardes
la marea de la jihad,
diafanidad del dolor,
la nostalgia del imperio
suprimida a piedra.
Se desnudó a los
ojos del mundo,
la miseria,
historia de la insidia,
en el futuro cercano
se ganará la libertad
que intentan
vanamente regular
a su favor las
banderas extranjeras.
En la primavera,
que no se encuentre
más el dolor,
ni él sangrado del
muro de la infamia,
lucha sin armas,
es el fuego
victorioso,
es la llama.
El crimen
santo de Israel
ya no parece
tan bonito ni heroico,
penetró un olor mortecino
al país prohibido,
venido de la fábrica
terrible del defoliador,
lluvia de gas que ahoga
llena la casa.
paredes de blanco cansancio,
la arena del desierto
azota sin tregua los
valles candentes.
Tierra bullente
en la cual se levanta
en las tardes
la marea de la jihad,
diafanidad del dolor,
la nostalgia del imperio
suprimida a piedra.
Se desnudó a los
ojos del mundo,
la miseria,
historia de la insidia,
en el futuro cercano
se ganará la libertad
que intentan
vanamente regular
a su favor las
banderas extranjeras.
En la primavera,
que no se encuentre
más el dolor,
ni él sangrado del
muro de la infamia,
lucha sin armas,
es el fuego
victorioso,
es la llama.
El crimen
santo de Israel
ya no parece
tan bonito ni heroico,
penetró un olor mortecino
al país prohibido,
venido de la fábrica
terrible del defoliador,
lluvia de gas que ahoga
llena la casa.
Última edición: