En la poesía de Shakespeare hay muchos ejemplos de lo que significa que un hijo ilumine el fin de nuestros días, el ocaso de nuestra vida en el soneto I dice:
From fairest creatures we desire increase,
That thereby beauty's rose might never die,
But as the riper should by time decease,
His tender heir might bear his memory:
But thou, contracted to thine own bright eyes,
Feed'st thy light's flame with self-substantial fuel,
Making a famine where abundance lies,
Thyself thy foe, to thy sweet self too cruel.
Thou that art now the world's fresh ornament
And only herald to the gaudy spring,
Within thine own bud buriest thy content
And, tender churl, makest waste in niggarding.
Pity the world, or else this glutton be,
To eat the world's due, by the grave and thee.
Deseamos ver multiplicarse las más bellas criaturas, para que la rosa de la belleza no pueda nunca perecer; sino que cuando la más eflorescente haya de deshojarse por efecto del tiempo, logre su tierno vástago perpetuar su memoria.
Pero tú, desposado a tus mismos ojos radiantes, nutres la llama de tu luz con la combustión de tu mísma escencia, produces el hambre donde reina la abundancia, y, enemigo de ti propio, te muestras demasiado cruel para con tu linda persona.
Tú, que eres ahora el fresco ornamento del mundo y el único precursor de la alegre primavera, sepultas tu satisfacción en tu propio cardo, y, precoz avariento, despilfarras economizando.
Apiádate del mundo, o si no, voraz como eres, te unirás a la tumba para devorar lo que se debe al mundo.
Todos deseamos reflejarnos y medrar en las más bellas criaturas, nuestros hijos...