TERRIN
Poeta que considera el portal su segunda casa
El sol canicular desdeña furioso
en contra de mis ojos inermes,
que meditan en mi cruz desde la orilla
y mantengo cálida la espalda
así como peñas agrestes,
adormecido el pecho por las olas
del bravo mar que me guía.
en contra de mis ojos inermes,
que meditan en mi cruz desde la orilla
y mantengo cálida la espalda
así como peñas agrestes,
adormecido el pecho por las olas
del bravo mar que me guía.
Siento la pesadumbre del piano que suena lejano,
batiendo la semilla definitiva del árbol de versos.
Revivo nuevamente el rugir de mis adentros
en el campo de la melancolía del pasado
coronando mis labores, mis siembras, mis desvelos
batiendo la semilla definitiva del árbol de versos.
Revivo nuevamente el rugir de mis adentros
en el campo de la melancolía del pasado
coronando mis labores, mis siembras, mis desvelos
Cuántas bifurcaciones desperdicié en mi largo caminar
confundiendo las eras con veredas, las idas con vueltas,
estaciones, trenes perdidos en una espiral infinita,
perpetua en cualquier trayecto que No volverán.
confundiendo las eras con veredas, las idas con vueltas,
estaciones, trenes perdidos en una espiral infinita,
perpetua en cualquier trayecto que No volverán.
Cuánto amor perdido por el lucro en el fontanar,
de los trajes, las corbatas, los vehículos relegados,
entre furias y carreras sobre el asfalto minado
para nunca arribar donde mueren esos trenes, al final,
quedamos tú y yo,
nuestras semillas,
con la palabra amor
de los trajes, las corbatas, los vehículos relegados,
entre furias y carreras sobre el asfalto minado
para nunca arribar donde mueren esos trenes, al final,
quedamos tú y yo,
nuestras semillas,
con la palabra amor
Manuel Moral Terrín (copyright©)