Un caballo cuatralbo galopando
por otro tiempo en noche castellana
de Velázquez, Quevedo, Lope y Góngora
galopando en barroca y amplia plaza.
Y por mis soledades voy con Lope,
voy con Lope de Vega y sus baladas
por la Plaza Mayor inquisidora.
Para volar los pensamientos bastan.
Con sonrisa satírica, burlona
rïéndose de vida retirada
en escondida senda de los sabios
Góngora, bien caliente caminaba.
Ríase con Francisco de Quevedo
el poeta de vida cortesana
amigo de Velázquez el artista
por el hombre de gran nariz pegada.
El retratista de la Corte Real
me lleva a su taller en el Alcázar
y al entrar por la puerta una menina
se inclina servicial ante la infanta.
Paseando Velázquez me descubre
en la noche negruzca y estrellada
a su crucificado Cristo blanco
el blanco hombre cual luna ciudadana.
Veo a Velázquez, el pintor, en lienzo
entre picas, fusiles y las lanzas.
en la entrega de llaves más famosa
Breda por españoles conquistada.
Y regresa el caballo galopando
a otro tiempo en la noche castellana
y en su grupa regreso a otro siglo.
Para volar los pensamientos bastan.
Me adentro en sala del pintor goyesco
y contemplo mujeres campechanas,
pröhibidas mujeres. La vestida,
y la desnuda maja campechana.
Los hombres esperando horrorizados
por un mundo mejor sin viejas lanzas.
Los hombres en el suelo ensangrentados
muertos por una patria arrebatada.
Pregunto a Goya por Saturno. ¿Mito?
Pregunta sin respuesta, sin palabras.
¡¿Personaje grotesco, devorando
al blanco hombre cual luna ciudadana?!
Con la ciencia del siglo de las luces
los cortesanos tienen una espada
que no asusta, susurra Villarroel,
y una serena faz en sus palabras.
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